viernes, 29 de febrero de 2008

El peligro de escribir

" Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío. "

"Un soplo de vida". Clarice Lispector

martes, 26 de febrero de 2008

Nueve millones de bicicletas

There are nine million bicycles in Beijing
That's a fact,
It's a thing we can't deny
Like the fact that I will love you till I die.

We are twelve billion light years from the edge,
That's a guess,
No-one can ever say it's true
But I know that I will always be with you.

I'm warmed by the fire of your love everyday
So don't call me a liar,
Just believe everything that I say

There are six billion people in the world
More or less
and it makes me feel quite small
But you're the one I love the most of all

We're high on the wire
With the world in our sight
And I'll never tire,
Of the love that you give me every night

And there are nine million bicycles in Beijing
And you know that I will love you till I die!

domingo, 24 de febrero de 2008

La admiración (y III)

La admiración puede equivocarse. La historia nos ha enseñado a ser cautelosos, proporcionándonos la sabiduría del gato escaldado. El siglo XX fue el siglo de admiraciones asesinas. El fervor de las masas por Hitler, Mussolini, Stalin o Mao convierte en temibles las admiraciones desmesuradas.
¿En qué quedamos? ¿Debemos admirar o no? Estas preguntas plantean un aspecto esencial para la educación de los sentimientos. Los sentimientos tienen un componente cognitivo que les hace ser inteligentes o estúpidos, acertados o errados. Cualquier sentimiento, por muy elevado que sea, puede convertirse en peligroso si no está dirigido por la inteligencia. Por ejemplo, la compasión es el sentimiento básico de la humanidad, pero puede dirigirse mal y convertirse en una sensiblería destructiva e injusta.
Por eso es tan necesaria la educación de las emociones, que no consiste en erradicarlas, sino en penetrarlas de inteligencia. En el caso que nos ocupa, eso quiere decir educar para admirar apasionadamente lo admirable e intentar imitarlo.

viernes, 22 de febrero de 2008

Viajero

"Quien ha alcanzado la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida, no puede menos que sentirse en la tierra como un caminante, pero un caminante que no se dirige hacia un punto de destino pues no lo hay.
Mirará, sin embargo, con ojos bien abiertos todo lo que pase realmente en el mundo; asimismo, no deberá atar a nada en particular el corazón con demasiada fuerza: es preciso que tenga también algo del vagabundo al que agrada cambiar de paisaje.
Sin duda ese hombre pasará malas noches, en las que, cansado como estará, hallará cerrada la puerta de la ciudad que había de darle cobijo (...) Quizá entonces su corazón se sentirá cansado de viajar. Y cuando se eleve el sol de la mañana, ardiente como un airado dios, y se abra la ciudad, puede que vea en los ojos de sus habitantes más desierto, más suciedad, más bellaquería y más inseguridad aún que ante su puerta, por lo que el día será para él casi peor que la noche.
Es posible que a veces sea así la suerte de este caminante.
Pero pronto llegan, en compensación, las deliciosas mañanas de otras comarcas y de otras jornadas (...) y mientras se pasea bajo los árboles, verá caer a sus pies desde sus copas y desde los verdes escondrijos de sus ramas una lluvia de cosas buenas y claras, como regalo de todos los espíritus libres que frecuentan el monte, el bosque y la soledad, y que son como él, con su forma de ser unas veces gozosa y otra meditabunda, caminantes y filósofos.
Nacidos de los misterios de la mañana temprana, piensan qué es lo que puede dar al día (...) con una faz tan pura, tan llena de luz y de claridad serena y transfiguradora: buscan la filosofía de la mañana. "
"Humano, demasiado humano". Friedrich Nietzsche

miércoles, 20 de febrero de 2008

Gozo del tacto

Estoy vivo y toco.
Toco, toco, toco.
Y no, no estoy loco.
Hombre, toca, toca
lo que te provoca:
seno, pluma, roca,
pues mañana es cierto
que ya estarás muerto,
tieso, hinchado, yerto.
Toca, toca, toca,
¡qué alegría loca!
Toca. Toca. Toca.


Dámaso Alonso

Ética

"A diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente.
Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si se prefiere, es a lo que llamamos ética."

"Ética para Amador". Fernando Savater

lunes, 18 de febrero de 2008

La admiración (II)

La sorpresa es el sentimiento agradable ante lo imprevisto. Es la esencia de la comicidad, del humor y de las novelas de intriga. Desde el punto de vista sociológico, hay culturas que aman la novedad y la sorpresa –así fue la cultura griega– y otras que a nada temen más que al sobresalto. Para completar la crónica de esta gran familia sentimental, mencionaré un último tipo de pasmo: la fascinación. “En la fascinación –escribió Sartre– no hay nada más que un objeto gigante en un mundo desierto. El objeto se destaca con relieve absoluto sobre un fondo vacío.” El espectador se queda prendado, hipotecado por el objeto.
Pero volvamos a la admiración, que es la emoción producida por la aparición de algo extraordinario que sorprende y agrada por sus cualidades, su belleza o perfección. Uno puede admirarse ante algo o sentir admiración hacia alguien. Podría hacerse un test de calidad humana con sólo preguntar: “¿Y usted a quién admira?”. No se puede vivir sin admirar, pero no se puede vivir admirando a quien no es admirable. Durante siglos se pensó que su objeto adecuado era el buen comportamiento privado y público, por eso se convirtió en un sentimiento moral. La educación clásica se basaba en la propuesta de modelos que imitar. Es lo que Bergson llamó “la atracción del héroe”. Aurelio Arteta, autor del mejor libro que conozco sobre este sentimiento, considera que nuestra sensibilidad moral se define por dos sentimientos: la compasión, que nos hace sentirnos afectados por el dolor de los demás, y la admiración, que nos hace sentirnos estimulados por su grandeza. Por eso su definición más adecuada es: “Sentimiento de alegría que brota a la vista de alguna excelencia moral ajena y suscita en su espectador el deseo de emularla”.
Ahora comprendemos por qué es un sentimiento mal visto en el mundo contemporáneo. Hay una confabulación contra la excelencia, que delata uno de esos sistemas de creencias invisibles que como detective me empeño en desvelar. Un igualitarismo torpe sostiene que “nadie es más que nadie”, que lo importante es que cada cual “trate de ser él mismo”. Usar el mismo rasero es imprescindible en lo que afecta a los derechos, pero puede resultar mezquino y falso cuando se aplica a todos los órdenes de la vida. No es vedad que el comportamiento de las personas sea equivalente. A los europeos, que hemos sido criados en la desconfianza, nos parece ingenuo que a los educadores estadounidenses les parezca muy importante que los alumnos estudien los personajes públicos que han destacado por su comportamiento moral y sus virtudes personales. Sin embargo, esa cultura de la admiración resulta extremadamente conveniente. El respeto, otra actitud en quiebra, es una variante de la admiración: la actitud hacia alguien admirable por su mérito y autoridad.
Los europeos hemos cultivado cuidadosamente el descrédito del héroe y hemos dado al escepticismo, al cinismo, al pesimismo y a la desconfianza un prestigio intelectual que no merecen y que en el campo moral es demoledor. “Piensa mal y acertarás” es, además de un refrán miserable, una profecía que acabará realizándose por el hecho de enunciarla. La ceguera para captar la grandeza empequeñece a las personas y a las sociedades. Hegel ya lo advirtió. Uno de los atractivos de la personalidad de Albert Camus fue su capacidad de admirar. “El mundo ha adquirido un espesor de vulgaridad que hace que el desprecio del hombre asuma la violencia de una pasión. Sin embargo, en el ser humano hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.” (continuará)

Incertidumbre

"Tengo el cansancio anticipado de lo que no voy a encontrar. Si en determinado momento me hubiera vuelto para la izquierda en lugar de para la derecha. Si en cierto instante hubiera dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí. Si en determinada conversación hubiese tenido frases que sólo ahora en el entresueño elaboro. Si todo esto hubiera sido así hoy sería otro y quizá el Universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también. Pero sólo ahora lo que nunca fui ni seré me duele. Voy a pasar la noche a Sintra porque no puedo pasarla en Lisboa pero cuando llegue a Sintra me va a dar pena de no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada.
En la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida. A la izquierda hay una casucha al borde de la carretera. A la derecha, el campo abierto con la luna a lo lejos. El auto que parecía hace poco proporcionarme libertad es ahora algo en lo que estoy encerrado. A la izquierda, hacia atrás, la casucha modesta. La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía. Si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha soñará: ese que va en el auto es feliz."

Fernando Pessoa

domingo, 17 de febrero de 2008

On the road

"Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas. "
"En el camino". Jack Kerouac

viernes, 15 de febrero de 2008

La admiración (I)

Se trata de una noble emoción. Los miserables no admiran nunca. Ni los cínicos, ni los escépticos, ni los envidiosos, ni los resentidos. La actual cultura de la sospecha y el integrismo de la igualdad ciegan las fuentes de la admiración. De ahí la importancia de reivindicarla.
Para describirla, tengo ante todo que situarla en su entorno. Forma parte de una de las familias emocionales más nutridas y universales, la del asombro. Es su versión estética y moral. El asombro es el sentimiento provocado por la aparición de algo nuevo o inesperado. En su origen es un sistema fisiológico de alarma, lo que los fisiólogos llaman reflejo de arousal. Hace que la gacela levante y gire la cabeza al percibir un ruido extraño. Esto que parece tan sencillo es, en realidad, un alarde neurológico. Dicen los expertos que para poder reaccionar ante un estímulo nuevo, tengo, en primer lugar, que reconocerlo como nuevo, lo que supone compararlo con un mapa total de la realidad que debemos guardar en algún lugar de nuestro cerebro. Si les pregunto: ¿han estado ustedes en la luna?, me dirán que no, con mucha rapidez (unos doscientos milisegundos). ¿Cómo han sabido que no han alunizado? Cuando queremos que un ordenador haga algo parecido, nos percatamos de la extraordinaria complejidad del hecho. Tenemos que dar a la máquina una relación de todos los lugares donde hemos estado, luego hacemos que los compare con luna, y si no se da ese emparejamiento, el ordenador concluye que no hemos estado. ¿Hace algo semejante nuestro cerebro? No lo sabemos, pero algo tiene que hacer. Lo cierto es que la sorpresa detecta algo nuevo, algo que no ha encontrado pareja en la propia memoria.
Descartes, que escribió un tratado de las pasiones muy cartesiano –quiero decir racional y ordenado–, decía que el asombro es la primera de todas las emociones, la que nos prepara para las demás. Por eso, el asombro puede adquirir un tonalidad afectiva agradable –la sorpresa– o una tonalidad afectiva desagradable –el susto o el sobresalto–. De hecho, la etimología de “asombro” lo acerca a lo negativo, porque procede de umbra, sombra, y al parecer hace referencia al espantarse las caballerías por la aparición de una sombra. Por cierto, la palabra “espanto” no tenía en nuestra época clásica el significado negativo que tiene ahora. Era el asombro ante lo enorme. “Vive Dios que me espanta esta grandeza”, dice Cervantes en el comienzo de un famoso soneto laudatorio. (continuará)

Diagnosticando

"Si hoy me preguntaran en qué se reconoce el amor, si tuviera que establecer un diagnóstico de lo que es el amor, diría: "En primer lugar, la necesidad de la presencia". Y digo bien: necesidad, tan absoluta, tan vital como una necesidad física. "Después, la sed de comunicarse." La sed de comunicarse consigo mismo y con el otro, porque uno se encuentra tan maravillado, tiene tal seguridad de estar viviendo un milagro, tanto miedo de perder algo que jamás había esperado, que la suerte no le debía y quizá le dio por distracción, que a todas horas se experimenta la necesidad de tranquilizarse y, para tranquilizarse, de comprender."

"Carta a mi juez". Georges Simenon

domingo, 10 de febrero de 2008

El viaje de la vida

"El viaje como imagen de la vida y como aventura de la imaginación han sido dos constantes de nuestro pensamiento.
La vida es un viaje de la luz a la oscuridad. La vida es siempre el viaje del héroe de las mil caras, del millón de caras, y cada día viajamos de la mañana a la noche; de noche viajamos en nuestro sueños; de día viajamos por los sueños que tenemos con los ojos abiertos. Y no tenemos que ir muy lejos.
Viajamos en nuestros recuerdos y podemos viajar en los recuerdos de otros, en las memorias y las autobiografías de Zweig, Neruda, Casanova. Leer a Balzac es viajar a la Francia del siglo XIX, leer a William Faulkner es viajar al sur profundo de Estados Unidos de los años treinta, leer a Mariano Azuela es viajar a las entrañas de la Revolución. Vámonos con Martín Luis Guzmán y Pancho Villa a la toma de Zacatecas. Vámonos con Alejo Carpentier al siglo de las luces. Vámonos con Rafael F. Muñoz a Bachimba. Vámonos con Borges de ida y vuelta al infinito. Vámonos con Alicia al otro lado del espejo.
¿Por qué no decirle a nuestros niños que cuando abrimos un libro, sus páginas se transforman en velas, y con ellas desplegadas podemos navegar a los rincones más lejanos de nuestro país, a los recovecos más misteriosos de nuestra historia, a las tierras más altas de la imaginación? Fueron viajeros Robinson Crusoe y Arthur Gordon Pym. Viajó Gulliver, viajó Simbad, viajó Tartarín y el capitán Ahab.
¿Por qué no decirle a nuestros niños y a nuestros jóvenes que con los libros pueden viajar por el dolor y la alegría de los seres humanos, y por sus esperanzas, por su soledad, su amor y sus pasiones? ¿Por qué no decirles que con los libros podrán viajar al centro de sí mismos, por los mares de sus conciencias, por las profundidades de sus pensamientos?"

"El viaje como imagen de la vida". Fernando del Paso

Hoy andaba

Hoy andaba debajo de mí mismo
sin saber lo que hacía.

Hoy andaba debajo de la pena
con risa inexplicable.

Hoy andaba debajo de la risa
con todo el llanto a cuestas.

Hoy andaba debajo de las aguas
sin que fuese milagro comparable.

Hoy andaba debajo de la muerte

y no reconocía sus cimientos.

Andaba a la deriva por debajo del cuerpo

confundiendo los dedos con los ojos.

Hoy andaba debajo de mí mismo
sin poder contenerme.

José Ángel Valente

miércoles, 6 de febrero de 2008

Cultura y longevidad

"A mayor nivel de cultura, mejor salud y más años de vida". Esta es la conclusión de un estudio publicado en el New York Times que, sin embargo, resta valor al ejercicio físico.
Hacer gimnasia no está nada mal pero todavía mejor resulta ejercitar la mente y procurarle bienes. El saber no sólo puede preservar de otras carencias y penitencias sino procurar nuevas amenidades, existencias y amores incalculables. De la cultura se deriva el deseo de vivir a propósito de la afición a saber más, descubrir, curiosear más allá, que distingue, en general, a las personas longevas.
Entretenerse con esta vida se convierte en el mejor antídoto contra su fuga. Entretener la vida o tener entre las manos su aliento en acción, su pensamiento y su específico gozo humano.
Jugar y muscular el pensamiento conlleva fortalecer sus capacidades y sus muchas ofertas. A fin de cuentas la muerte acaba viniendo por ahí, por el lado del aburrimiento del alma y la reducción de la mente. Viene y nos mata definitivamente cuando ya no nos deja saber más.

Modificado de Vicente Verdú

jueves, 31 de enero de 2008

¿Son las águilas travestis?

¿Este águila? o ¿Esta águila? ¿Este agua o esta agua? A menudo tendemos a realizar una especie de operación de cambio de sexo a determinadas palabras que comienzan por ‘a’ tónica cuando las acompañamos con indefinidos (un), demostrativos (este) o determinativos (mucho). Sabemos que se dice el agua, el águila, el hacha y el hambre, pero fallamos cuando tenemos que acompañarla. Así, no sabemos si tenemos mucho o mucha hambre, poco o poca agua.
El uso correcto es acompañar con el artículo el y con los indefinidos un y sus compuestos algún o ningún, y con los demostrativos esta, esa, aquella o los determinativos mucha o poca. Los adjetivos que se refieran a estos nombres deben concordar también en género: el águila majestuosa, ya que el uso del artículo el no hace que el águila se vuelva machote.

Correcto: el aula, esta aula, aquella aula, ningún aula
Incorrecto: este agua, ninguna agua

miércoles, 30 de enero de 2008

Uno Crece

Imposible atravesar la vida sin que un trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio. Ese es el costo de vivir.

Sin embargo lo importante no es lo que suceda, sino cómo se reacciona. Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece…

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.
Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla. Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante proyectando lo que puede ser el porvenir. Crece cuando supera, se valora y sabe dar frutos.
Uno crece cuando abre camino dejando huellas, asimila experiencias…¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes,cuando cumple con su labor.
Uno crece cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento… ¡Y humano por nacimiento!

Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas, recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo.
Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse con residuos de flores… ¡Y de encenderse con residuos de amor!

Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe.
Uno crece cuando se planta para no retroceder… Cuando se defiende como águila para no dejar de volar… Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella.

Entonces… Uno Crece

Susana Carizza

La ira (y IV)

Los “deberías” que nos enfurecen se fundamentan en cuatro falacias:
1)
Tener derecho
La creencia es la siguiente: como yo quiero muchísimo algo, debo tenerlo. La idea básica es que el grado de la necesidad justifica la exigencia de que alguien tenga que satisfacerla. Se da por sentado que existen ciertas cosas a las que uno tiene derecho. Por ejemplo, estar sexualmente satisfecho, sentirse emocionalmente seguro o disfrutar de un cierto nivel de vida. También descansar siempre que se está cansado, o no estar nunca solo, que su trabajo sea valorado o que sus necesidades sean conocidas sin que le pregunten. La falacia de tener derecho confunde deseo con obligación. Atribuirse derecho daña las relaciones y crea resentimiento. Con ella se niega al otro la libertad de elegir si quiere o no negarse a satisfacer la necesidad de la otra persona. Es una postura que niega el derecho del otro a dar prioridad a su propia necesidad y sus padecimientos.

2) Lo único correcto
En este caso, la idea es que existe un estándar absoluto de comportamiento correcto y justo que las personas deberían conocer y poner en práctica. La convicción de que las relaciones deben ser justas reduce el dar y recibir de la amistad o de la pareja a una serie de registros que se llevan en secreto. Los libros de contabilidad estipulan si estamos en deuda o si nos deben, si recibimos tanto como damos o si nos adeudan demasiado por todos los sacrificios que hemos hecho. La dificultad es que no se suele estar de acuerdo en lo que se considera justo.La medida de lo que es justo es subjetiva y depende de las expectativas, es decir, de lo que se espera, necesita o desea de la otra persona. La justicia puede ser definida de un modo muy autocomplaciente. Para la psicología cognitiva, una vez se descarta la idea de justicia es posible negociar como iguales cuyos intereses están en conflicto.

3) Cambiar a los demás
La idea en este caso es que nos figuramos que tenemos control sobre la conducta de otros. Si bien es cierto que a veces las personas cambian si se les pide, en este caso la creencia es que podemos hacer cambiar a los otros si aplicamos la presión suficiente.Existe un hecho muy básico relativo al comportamiento humano: las personas cambian sólo cuando:
a) El cambio les es gratificante y estimulante.
b) Y, además, deciden cambiar por sí mismas.
La queja constante y las presiones de todo tipo (broncas, chantajes, enfados y morros) inducen una aversión al cambio. Promueven una mayor reticencia a modificar las conductas. Esperar que el otro cambie lleva a la frustración y a la desilusión, es una batalla perdida. A no ser que el otro vea las ventajas de un cambio y alguna gratificación por realizarlo.

4) La falsa liberación de la ira
En este caso pensamos que los que nos causan dolor deberían ser castigados. Suponemos que expresar la ira es algo positivo porque ayuda a descargar el dolor y nos da la oportunidad de una revancha ante la injusticia. Esto es creer que no somos responsables de nuestro dolor, que el dolor lo causó el otro. Se comportó mal y quiso hacer daño, por eso se merece toda la ira para que aprenda a no hacerme más daño. No deberíamos olvidar que somos nosotros mismos los verdaderos responsables de nuestros sentimientos. El dolor y el placer son experiencias privadas. Sólo nosotros sentimos el dolor y la alegría. Nadie puede considerarse responsable de esta experiencia, sólo yo. Si alguien nos está frustrando o causándonos dolor, es nuestra la tarea de negociar nuestras necesidades o bien liberarnos de la relación. Además, es bueno recordar que lanzar la ira puede destruir las relaciones. Cuando el objeto de nuestra ira es causar al otro el mismo grado de dolor que estamos sintiendo nosotros, este empieza a erigir barreras psicológicas para protegerse de nuestros arrebatos. El tejido de una relación se hace más tupido y cicatrizado, haciéndonos insensibles al dolor y al placer. Por eso la ira mata el amor, endureciendo la piel. Imposible sentir el calor y las caricias. La razón principal por la que la liberación de la ira no es buena es que esta raramente lleva a conseguir lo que deseamos, como ser escuchado, valorado, atendido. La ira trae consigo la frialdad, el alejamiento y más ira a cambio. La respuesta es negociar con eficacia y de un modo constructivo o bien alejarse de una relación destructiva.

Lateríos y fritangos

"Cocina para impostores" es la nueva biblia para quienes viven deprisa y alegan que no tienen tiempo para alimentarse bien. Y para componer un menú impostor, "que no pasa de cinco euros", propone "astutas recetas de cocina usando congelados, latas y conservas".
El menú lo componen explicaciones claras, directas "para gente que no sabe ni encender el gas". Y un detalle: incluye proporciones para un solo comensal. "¡Basta de ingredientes para cuatro personas. ¿Y los que estamos solos qué?", reivindica Falsarius Chef, el autor.
Frente a "las recetas enloquecidas", Falsarius trabaja mucho el supermercado. “Hago comida de subsistencia. Trabajo con medios sencillos y no doy nada por sabido", dice orgulloso.
¿Y el laterío imprescindible?: frascos de cristal de verduras y legumbres; un buen atún o bonito del norte; vasitos de arroz SOS (con ellos Falsarius borda la "paella hereje"); sopa de cebolla de sobre; botes de tomate; cebolla, ajo, romero, orégano, pimentón ("para el toque mediterráneo") y una caja de langostinos congelados.
"Siempre que en un plato impostor pongas un langostino, la gente se ciega y dice que es la bomba. Piensan que te has pasado tres horas cocinando, cuando sólo has estado un rato". Pero ése es el truco de los cocineros impostores: engañar a otros comensales, pero sólo en las habilidades, "no se puede bajar la guardia en la calidad".

martes, 29 de enero de 2008

Tributo a Ángel González (y III)

Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo: irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha y tira.

domingo, 27 de enero de 2008

La ira (III)

El estrés en forma de dolor (pérdida, rechazo, desesperación, miedo, frustración, daño, abandono) más los pensamientos activadores (pensar que este dolor es culpa de algún otro) componen la ira.
Cuando se asume la responsabilidad de las propias emociones, entre ellas, la ira, es mucho más practicable modificar cualquier situación. Todos somos capaces y libres de elegir si vamos a reaccionar de manera airada o con cualquier otra estrategia. Pero para eso es importante reconocer que el responsable de la ira es uno mismo y dejar de culpar a los demás. Estas son las razones por las que es conveniente e importante ser responsable de la propia ira:
1. La ira mantenida está causando daño a nuestra salud.
2. Elegir la ira como reacción deteriora las relaciones. Al principio, los amigos o los familiares se defienden y finalmente acaban apartándose del personaje hostil.
3. No es una estrategia útil ni eficaz para cambiar la conducta de los demás. A corto plazo, puede atemorizar y herir, pero a largo plazo, las personas intimidadas se resisten y se alejan descalificando al maestro.

La idea de la responsabilidad de la propia ira es importante, ya que sigue siendo frecuente oír a los agresores afirmar que han sido provocados por el agredido. Mientras se piense que la ira es causada por los provocadores, no hay posibilidad de superar los comportamientos agresivos.
El juicio sobre las conductas de los demás se basa en una serie de reglas éticas propias que intentamos trasladar a nuestros semejantes. Solemos pensar que las reglas que hemos incorporado a nuestra vida son aplicables a los que nos rodean. Hacemos presunciones de culpabilidad y nos percibimos como víctimas de la situación. Nuestras presunciones y creencias son, en realidad, las verdaderas causantes de la rabia, no solamente las acciones de otros. Pensamos continuamente en como deberían o no deberían comportarse. Si ellos se conducen tal como pensamos que debe hacerse, entonces todo va bien, pero si no, nos lanzamos a juzgar que sus actos son incorrectos, poco inteligentes, poco razonables o inmorales.

Olvidamos que en la mayoría de los casos, los demás no están de acuerdo con nuestros valores y reglas. Ellos tienen sus propias necesidades y reglas. Es absurdo aplicar nuestros “deberías” al proceder de los demás. Estos “deberías” se asientan en unos principios morales que adoptamos y que se confunden con la verdad, pero no son verdaderos. Estos principios son llamados falacias, término proveniente de la lógica formal. Una falacia (sofisma) es un razonamiento aparentemente lógico en el que el resultado es independiente de la verdad de las premisas. (continuará)

viernes, 25 de enero de 2008

Decir

"Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada."

Eduardo Galeano

lunes, 21 de enero de 2008

Tributo a Ángel González (II)

Todos ustedes parecen felices...
Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras de amor.
Pero se aman
de dos en dos
para odiar de mil en mil.
Y guardan
toneladas de asco
por cada milímetro de dicha.
Y parecen
-nada más que parecen-
felices, y hablan
con el fin de ocultar
esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen,
como no puedo yo ocultarla
por más tiempo,
esta desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia dónde no sé-, lenta, me arrastra.

La ira (II)

El simpático gruñón es una persona rabiosa, tanto como el quejoso, el resentido, el riguroso, el irónico, el susceptible, el eterno agraviado, el irritado, el agresivo, el rencoroso o el violento. La rabia se revela mediante formas que van de las más aceptables a las más inconfesables. También hay rabia en el pasivo agresivo, alguien que jamás exterioriza su ira de un modo abierto, pero se muestra intolerante y negativo. Es el que espera lo peor de los demás, como si el otro fuera su enemigo; que siempre hace presunción de culpabilidad. El que alberga rabia suele creerse víctima del mal comportamiento de los demás, de su desidia, mala voluntad, picardía, deshonestidad, vagancia, incompetencia, poca pericia al volante y muchos más pecados. De ahí que siempre tenga sus armas empuñadas.

La ira ocasional no causa daño duradero al organismo, pero la ira crónica y sostenida mantiene el cuerpo en constante estado de emergencia y preparación para la lucha. Esto afecta a funciones corporales regulares como la digestión, la depuración de la sangre de colesterol y la resistencia a las infecciones. Contribuye al desarrollo de enfermedades tales como los trastornos digestivos, hipertensión, enfermedad coronaria, sistema inmunitario debilitado, erupciones, dolores de cabeza y más. No importa si la ira se expresa o se reprime, siempre es dañina para la persona porque se alimenta a sí misma. Prolonga y sobrecarga todos los cambios hormonales asociados. La ira crónica inhibida es nociva porque moviliza respuestas del sistema nervioso simpático sin ofrecer ninguna liberación de la tensión. El efecto es igual que pisar a fondo el acelerador del coche al tiempo que se aprietan los frenos.

Según la psicología cognitiva, la ira tiene su origen en el estrés más pensamientos activadores. La buena noticia es que puede desactivarse con un aprendizaje adecuado. Ser plenamente conscientes de lo que se está sintiendo y pensando es la clave para la desactivación de la emoción.
Todo nace del estrés y la tensión causados por el dolor, la frustración o la idea de amenaza. Esta vivencia de estrés se intensifica mediante ideas que potencian la ira. Son los pensamientos activadores de culpabilización y de los “deberías”. Por ejemplo, “los empleados no deberían ir a desayunar si hay gente esperando en la cola”. Otro activador es la culpabilización: “No hacen su trabajo con ilusión” o “son unos incompetentes”. Si el estrés es el combustible que crea niveles altos de excitación fisiológica, las ideas culpabilizadoras y los “deberías” actúan como la chispa que enciende el fuego. El estrés no es una causa suficiente para la ira, hace falta una “adecuada contribución psicológica” para convertir el estrés en una emoción hostil. Hace falta, igualmente, pensar que las otras personas son malas, injustas, incompetentes y merecedoras de castigo. (continuará)

domingo, 20 de enero de 2008

Todo se transforma

"Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da"

Ma solitude

Mi soledad

Por haber dormido tan a menudo con mi soledad...
se ha convertido casi en una amiga, una dulce costumbre

No me deja ni un momento, fiel como una sombra.
Ella me ha seguido por todas partes, por los cuatro rincones del mundo.

No, yo no estoy jamás solo, con mi soledad

Cuando ella se tiende en mi cama, la ocupa toda entera...
y pasamos largas noches, los dos, frente a frente.

Verdaderamente, no sé hasta donde me seguirá esta cómplice.
Será necesario que me acostumbre o que reaccione.

No, yo no estoy jamás solo, con mi soledad

Por su culpa he visto tanto que he llegado a llorar.
Si alguna vez la rechazo, nunca se rinde
Y aunque a veces prefiera el amor de alguna otra cortesana
Ella será en mi último día, mi última compañera.

No, yo no estoy jamás solo, con mi soledad.

Georges Moustaki

Tributo a Ángel González (I)

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.

!Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo,

un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.

viernes, 18 de enero de 2008

La ira ("enroñarse") (I)

La ira es un sentimiento que avergüenza y se suele disfrazar de ironía o rotundidad. Se alimenta y se justifica de mil maneras. También se puede controlar.
Es un sutil veneno que se oculta como tímida damisela en el interior de nuestro corazón. Es vergonzosa porque no está orgullosa de sí misma. Sabe que no es valorada en la sociedad y que la encuentran fea, incluso muy fea. Pero ella se hace pasar a veces por el brillo de la ironía inteligente, por el peso de la autoridad, por la dulzura de la hipocresía, por la rectitud de un hombre severo, por el amor protector de un celoso, por la justicia de un rencoroso o por el humor de un bromista mordaz.

Con esos disfraces hasta puede cosechar fugazmente alguna ración de aplauso y admiración. Mientras pueda camuflarse con tantos disfraces, se asegura la vida y el sustento. Su acción es tan solapada que puede introducirse en todos los ambientes de nuestra mano sin que nadie se dé cuenta, incluído el mismo que la cobija.

Es un arma un poco chapucera, porque cuando dispara carece de sutileza para dar en su diana. Ha pasado por muchos avatares mientras era analizada por la psicología y la biología. Tuvo épocas de esplendor en las que su expresión sin tapujos fue alentada y elogiada por la psicología. Freud y sus seguidores, por medio de la hipótesis de la “catarsis” como método para reducir la agresión, llegaron a elevarla a la categoría de terapia para “vaciar los depósitos emocionales”. La biología la consideró un instinto básico para la adaptación humana. Actualmente, la ciencia ha rechazado muchos mitos sobre la naturaleza instintiva de la agresividad en el hombre, y se sabe ahora que no es ni ineludible ni necesaria. Además, con frecuencia las personas agresivas utilizan la teoría de que “la frustración conduce a la agresión” para justificar y excusar su ira considerándola algo “saludable”.

Las mejores victorias se logran sin la presencia de la ira. La evidencia científica actual sobre la ira indica que esta emoción es básicamente una cuestión de elección. Está determinada por pensamientos y creencias, mucho más que por su bioquímica o por la herencia genética. Airear la ira raramente reporta a algún alivio real. Más bien conduce a más ira, tensión y ­excitación. (continuará)

Una, dos y tres

"Alguno ve desierto donde sólo hay mar"

miércoles, 9 de enero de 2008

Un colmo

Estaba tan harto de los demás...
que a base de náuseas, se dio cuenta de que, en realidad, estaba demasiado harto de sí mismo.

Así que, de puro hartazgo, empezo a ayunar de sí.
Y depuró y depuró...

Y se encontró, detrás de la náusea, en medio del vacío.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que su yo era un nosotros.
Y que el vacío estaba lleno.
Entonces, se encontró con los demás, pleno, que no harto. En paz.

Álex Rovira

martes, 8 de enero de 2008

El día menos pensado

Sabes que no soy amigo de juramentos ni promesas
pero sí me has oído decir con insistencia
que el día menos pensado voy a procurar
olvidarme la inocencia y la ternura
sobre el mostrador de cualquier casa de empeño.
Pero jamás conseguí inquietarte, o así lo sospecho.
Porque sabes que soy terco y mucho más
en lo que concierne a mis defectos.
Entre esos dos aún sigo viviendo.

Santiago Montobbio