lunes, 14 de julio de 2008

Bebo Valdés y Diego el Cigala

Se me olvidó que te olvidé

El diván como potencia literaria

La angustia sigue estando ahí. Y afecta a muchas personas, empujándolas al infierno del sufrimiento. Hace ya muchos años, las teorías de un joven médico sacudieron la Viena del siglo XIX, y con el tiempo se fueron imponiendo en otros lugares. El psicoanálisis, la gran creación de Sigmund Freud, puso patas arriba el mundo, cambió la manera de ver las relaciones entre hombres y mujeres, puso en órbita la importancia del sexo y señaló que existía, en nuestro interior, un inmenso continente desconocido (el inconsciente).
¿Qué pasa con el psicoanálisis? ¿Es sólo un reino de charlatanes y farsantes, una invitación a hablar una jerga extraña, un baile de interpretaciones sobre los sueños más disparatados? El año 2005 se publicó en Francia "El libro negro del psicoanálisis", donde más de cuarenta especialistas se aplicaban a fondo para cargarse a Freud y sus teorías y prácticas, y todo lo que vino después. Un año después, otro libro se propuso contestar lo que allí se decía: en "La regla de juego. Testimonios de encuentros con el psicoanálisis", Bernard-Henri Lévy y Jacques-Alain Miller han reunido los comentarios de artistas, escritores, psicoanalistas e intelectuales sobre su relación, teórica y práctica, con esa disciplina. ¿Cómo entraron en esa historia y cómo les fue allí?
"Yo comencé una cura de psicoanálisis en 1972, porque después de haber visitado Auschwitz, cementerio sin tumbas donde están mis abuelos maternos, volví sin habla", recuerda la filósofa Catherine Clément, que luego confiesa que en el diván encontró la risa, "que me era ajena", y la manera de criar a sus hijos y de superar el Holocausto. El psicoanalista Hervé Castanet explica que a los veintidós años estaba buscando de manera desesperada una salida a su aburrimiento, y empezó una terapia. Hay quien habla de que frecuentó el diván porque no rendía en sus exámenes (Marlene Belilos) y Tom Bishop, profesor de civilización francesa en Nueva York, cuenta que el psicoanálisis lo ayudó a sobreponerse "a una infancia de huida de los nazis" y a superar la culpa "de haber sobrevivido cuando tantos otros no tuvieron esa suerte". Tahar Ben Jelloun sostiene que el rechazo al psicoanálisis viene del "miedo a ir al fondo de sí y el miedo a descubrir lo que no se tiene en absoluto deseo de descubrir".
Otros, en cambio, han sido más breves y rotundos. Como el cineasta Josée Dayan, que se limita a decir: "No soy psicoanalista, pero, aunque el psicoanálisis sólo hubiera servido para darnos a Woody Allen, lo bendeciría". Y los hay, seguramente más próximos a Lacan que a Freud, que son capaces de formular opiniones de esta envergadura: "El campo escópico es el que más completamente elude a la castración" (Hervé Castanet, el que de joven se aburría).
El Libro negro... había sido bastante duro con que lo que, consideraban, era una "costumbre pseudocientífica que sólo perdura en Francia y Argentina". Y Ricardo Piglia, un argentino, comenta en La regla de juego que el psicoanálisis es atractivo "porque todos aspiramos a una vida intensa" y que "en medio de nuestras vidas secularizadas y triviales, nos seduce admitir que en un lugar secreto experimentamos o hemos experimentado grandes dramas". Y apunta: "El psicoanálisis es en cierto sentido un arte de la natación, un arte de mantener a flote en el mar del lenguaje a gente que está siempre tratando de hundirse". Juan José Saer, otro escritor argentino, subraya que lo que hizo Freud fue rendirle un homenaje sincero y profundo a la poesía, y lo hizo porque "el análisis es una actividad esencialmente verbal", y porque "la palabra es el único instrumento terapéutico con que cuenta".
Son muchos los testimonios de escritores que reconocen que sus obras tienen una profunda deuda con el psicoanálisis. Juan José Millás, escribe en su última novela: "Los cincuenta minutos de sesión significaban cincuenta minutos de visión. No era raro que al abandonar la consulta tuviera que pasear una o dos horas para digerir lo que había visto desde el diván". Y Lolita Bosch considera que el psicoanálisis "tiene una capacidad que la literatura casi nunca tiene: detener el tiempo y buscar lo previo, lo previo, lo previo".
El encuentro con Freud desencadenó en el escritor Suso de Toro una profunda crisis intelectual: "De algún modo pervirtió mi mirada sobre la realidad, fue la pérdida de la inocencia". El filósofo Eugenio Trías se psicoanalizó durante cinco años y la tiene por "una de las experiencias más importantes" de su vida. "Me permitió trazar el relato de mi propia historia personal", comenta
¿Curarse de la angustia, decantarse por el lado de la vida, explorar nuestros secretos íntimos, servirse de la palabra para darle sentidos nuevos a nuestras experiencias? El caso es que no habrá seguramente nunca acuerdo sobre si el psicoanálisis es una ciencia o mera charlatanería. En lo que sí parecen coincidir muchos es en la enorme capacidad del psicoanálisis para provocar literatura, y quizá esto proceda también de lo bien que escribía el propio Sigmund Freud.
Eric Orsenna cuenta que él no se acostó en ningún diván, que se sentó. "Y lloré, hablé, hice silencio, balbuceé, retrocedí, caminé...". El escritor francés había buscado un psicoanalista porque no tenía un hacha. "Yo tenía, tengo, como todo el mundo, un mar helado en mí", explica Orsenna, y cita a Kafka: "¿Qué es un libro? ¿Es un hacha que mata el mar helado en nosotros?". ¿Es, de verdad, un hacha el psicoanálisis? ¿Puede terminar con este mar helado?
José Andrés Rojo

lunes, 7 de julio de 2008

Binomios

Así como los silencios de la música crean la música y los reposos deportivos generan una potencia superior, en la producción de un cuadro los momentos en que el pintor mira el lienzo, y sólo mira, pintan tanto o más que aquellos otros en que interviene el pincel.
La ausencia crea tanta o más realidad que la presencia, como también las apariencias son tanto o más intensas que las sustancias. De una se pasa a la otra y de la otra se pasa a la una mediante un vaivén incesante que viene a ser el modelo general de la existencia.
De la enfermedad a la salud, del amor al odio, de la felicidad a la desdicha, de la vitalidad al desfallecimiento. Este binomio de todos los tipos y cuya constelación preside la gran pareja vida/muerte, opera como el código radical de nuestro destino y asumirlo debe llevar a la paz: la paz que se opone a la guerra, la serenidad que sin tregua se alterna con la inquietud, el desasosiego que repetidamente nos impide disfrutar del acuerdo con nosotros mismos. Ni en los veranos o en los veraneos, ni en los bailes y las vacaciones, ni en las epifanías, las onomásticas o las verbenas, se acaba con el insufrible dúo del sí y el no. Parece que vivimos para vivir escindidos. O al revés: vivimos escindidos como la forma inevitable de ser. Seres diseñados para la muerte cuando el ser sólo se concibe como un dibujo vivo.

jueves, 3 de julio de 2008

Poema XXIX

No soy igual en lo que digo y escribo.
Cambio, pero no cambio mucho.
El color de las flores no es el mismo bajo el sol
que cuando una nube pasa
o cuando entra la noche
y las flores son color de sombra.
Pero quien mira ve bien que son las mismas flores.
Por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo
fijaros bien en mí:
si estaba vuelto para la derecha
me volví ahora para la izquierda,
pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies.
El mismo siempre, gracias al cielo y a la tierra
y a mis ojos y oídos atentos
y a mi clara sencillez de alma.
Fernando Pessoa

Las flores de Tena

"Ni ayer, ni hoy ni nunca fue un buen día para mandarte flores."

Ante la puerta

No siempre es igualmente fácil ese instante en que nos encontramos ante una puerta. Con frecuencia asaltan algunas dudas o se consolidan algunos temores. Titubeamos, quizá, antes de hacer sonar el timbre o de golpear con nuestros nudillos. O de introducir la llave. Por fin, hemos llegado. Pero no siempre esperamos encontrar las condiciones que soñamos, que buscamos, que deseamos, que necesitamos.
Podría ocurrir que tras el umbral se abriera un vacío, un abismo o un silencio, algo que nos abordara con cierta violencia. Nos atemoriza pensar que alguien sin rostro, sin palabra, aguarda hierático como sólo nada o nadie podría esperarnos. Y dudamos si arriesgar o huir. Así se explica esa distancia que en ocasiones se interpone o se crea entre el fin del trabajo y la llegada a casa, entre la última ocupación y ese encuentro que no sabemos si precipitar o postergar. Y toda una celebración de la demora adopta múltiples y variadas formas. E inventamos buenas razones para retrasar esa llegada, porque la puerta es un acceso a tareas bien conocidas, pero también conforma el enigma de lo imprevisible.
Antes de abrirla, es difícil sustraerse al recuerdo de aquellas ocasiones en que la hemos cerrado o nos ha sido cerrada. Un portazo no es solo contundente o brusco, un portazo es, en ocasiones, definitivo. La puerta comporta tanto el gesto de abrir como de cerrar, es tanto acceso como clausura. Por eso, a veces, cuesta tanto salir. O entrar.
De pie, ante la puerta, espejo opaco, lápida infranqueable, o quizá acceso a otra vida llena de ocasiones y de afectos, nos detenemos. A su lado, alineadas, otras puertas nos alejan de vidas próximas y ocultas, de seres cercanos distantes, de mundos tan ruidosos como inauditos, los de los otros, en sus habitáculos, en sus estancias, en sus casas. En general, las puertas son tristes, hasta las más agradables. Desearíamos que fueran más franqueables, incluso que no fueran necesarias, que el dintel fuera un arco, un trenzado, una salutación.
Resultaría sano que antes de traspasar su umbral contuviéramos el aliento o el paso, siquiera de nuestra alma, de nuestro corazón. No para vislumbrar lo que nos espera, sino para preferir entrar y confirmar que estamos dispuestos a aportar. Sólo así llegaremos de verdad. Nada interesante se encuentra tras la puerta si somos indiferentes para con ello, si nosotros mismos al acceder al interior no tenemos que ver con él, con que resulte más o menos agradable. Y si no es así, porque ya todo está acabado, es como es, más vale reconocer que ese sitio no es ya el nuestro. Pero tal vez al llamar alguien salte a nuestro cuello, o nos abrace o nos acoja. O un sereno silencio nos abrigue. Y entonces la puerta es la puerta de casa.
Ángel Gabilondo

martes, 1 de julio de 2008

¿Médicos o putas?


1.- Generalmente trabaja hasta tarde. ¡Como las putas!

2.-Generalmente es más productivo por la noche. ¡Como las putas!

3.- Le pagan para mantener al cliente feliz. ¡Como las putas!

4.- Cobra por hora pero su tiempo se extiende hasta que termine. ¡Como las putas!

5.- Si es bueno, tiene más trabajo. ¡Como las putas!

6. -Le recompensan por dejar satisfechos a sus clientes. ¡Como las putas!

7.- Es difícil tener y mantener una familia. ¡Como las putas!

8.- Tiene que estar siempre a las necesidades del cliente. ¡Como las putas!

9.- Sus amigos se distancian de él y sólo anda con otros iguales que él. ¡Como las putas!

10.-Se puede enfermar por contagio de sus clientes. ¡Como las putas!

11.- El cliente siempre quiere pagar menos y encima quiere que haga maravillas. ¡Como las putas!

12.- Cada día al levantarse dice: "¡No voy a hacer esto toda mi vida, desgastándome". ¡Como las putas!

13.- Sin conocer nada de su problema los clientes esperan que les dé el consejo que necesitan ¡Como las putas!

14.- Si las cosas salen mal es siempre culpa suya. ¡Como las putas!

15.- Tiene que brindarle servicios gratis a su jefe, amigos y familiares. ¡Como las putas!


viernes, 27 de junio de 2008

La necesidad de vivir

Sigo aplicándome el "no hay mal que por bien no venga" pero en tanto no viene nada de nada, sólo puede mantenerse en pie la fe sin más.
Pero, ¿a cuento de qué creer? ¿quién garantiza que no va a cumplirse verosímilmente la lógica de lo peor? Creer tan sólo para no de-cre(c)er.
La creencia religiosa desempeña desde el principio de los tiempos este papel fundacional y funcional: no es Dios quien creó a los hombres sino los hombres quienes crearon a Dios. No será el Gran Poder quien sostiene y mantiene la altura de Dios sino, precisamente, la falta de poder humano la que eleva desesperadamente el fantasma de la Divinidad.
¿Para degradación de la especie? ¿para superación de la especie? Lo misma da. Lo capital radica en la sustentación y su agregado de sustento. Dios es como un pan. No importa si candeal o falso. Basta que sea un como si fuera y, de este modo, se represente vivo en la conciencia.
La idea que quien no se consuela es porque no quiere coincide con que el consuelo necesita el deseo de la consolación: del deseo de consuelo nace el ser palpitante del consuelo. De la misma manera, de la escritura nace el deseo de escribir y, al cabo, del amor al deseo nace la ocasión de amar. Como también, de la necesidad de felicidad nace la fe consoladora y hasta la vida brota gracias a la necesidad de vivir.

miércoles, 25 de junio de 2008

La caricia perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni

Conciencia


La razón nos engaña con tanta frecuencia que nos hemos arrogado demasiado el derecho para recusarla, pero la conciencia nunca nos engaña porque es la verdadera guía del hombre. Los actos de la conciencia no son juicios, sino sentimientos.
Emile Rousseau

domingo, 22 de junio de 2008

Colmos

Era un tipo tan auténtico que la inmensa mayoría creía que estaba enfermo.

Era un tipo tan honesto, que para la inmensa mayoría, era un sospechoso delincuente.

Era un tipo tan cretino, que en foros políticos se le consideraba visionario.

Se adscribió de tal forma a la mentalidad de su partido que no pudo nunca más recuperar su identidad.

De tanto pedir permiso, se murió.

Decía tantas veces 'sí' cuando en realidad pensaba 'no' que acabó confundiendo 'yo' con 'tú' y acabó sintiéndose 'nadie' cuando estaba ante 'alguien'.

Álex Rovira

miércoles, 18 de junio de 2008

Deseo

No decía palabras,
no decía palabras, acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso, una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Luis Cernuda

Canciones de cuando era un niño...

La soledad (y II)

Los sentimientos tienen geografía e historia. Se manifiestan de distinta manera en culturas y en momentos históricos diferentes. El alma humana siente de muchas maneras. Hay sociedades comunitarias y sociedades individualistas, y en cada una de ellas la presencia o ausencia del otro se vivirá de maneras diferentes. Amae es el sentimiento más importante de la cultura japonesa. Es un sentimiento de interdependencia, que implica “depender y contar con la benevolencia de otro, sentir desamparo y deseo de ser amado”. En Europa, la soledad ha sufrido pleamares y bajamares.

La búsqueda de la soledad tuvo un origen religioso. Los eremitas se retiraban al desierto para vivir “a solas con el Solo”. Consideraban que el trato con los demás era una fuente de distracción o de tentaciones. San Simeón estilita, viviendo en lo alto de una columna, puede servir de símbolo de este afán de soledad. Sin embargo, durante la edad media, que fue una época transida de miedos, la soledad aparece como amenazadora. El Renacimiento trajo una afirmación de la individualidad y un nuevo deseo de volver hacia uno mismo, Petrarca escribe un tratado de la vida solicitaria (De vita solitaria). Hay tres soledades, dice: la del lugar, que es la del desierto; la del tiempo, como la que trae la noche; la del alma, como la experimentan aquellos a los que la profunda meditación separa de los demás y les permite estar solos donde y cuando quieren.También Montaigne escribe sobre la soledad. La necesita para escribir, pero reconoce que los estudiosos son presa fácil de la melancolía. Esta palabra tiene enlaces sutiles. Significa una tristeza sin motivo y sin sufrimiento. Victor Hugo la definió como “la dicha de ser desdichado”. Aparece dotada de un aura poética, y los románticos la buscaron afanosamente y, a través de ella, la soledad. Eso produjo un enfrentamiento entre ilustrados y románticos. Los enciclopedistas detestaban la soledad, porque consideraban que el hombre es esencialmente sociable. El romanticismo, vuelto hacia la escucha de los sentimientos, sólo puede coordinar su pasión amorosa con su afán de soledad y melancolía, degustando amores desgraciados. Rilke, que es un posromántico, da una definición del amor que mantiene el mínimo de comunicación: “Dos soledades que se protegen, se completan, se limitan, se reverencian”. Su ideal es “amar de lejos y conservar para sí la soledad”.

Mucha gente teme la compañía, y también mucha gente teme la soledad. Este horror puede ser tan intenso que incite a mantener cualquier tipo de relación con tal de librarse de él. Albert Ellis, un gran terapeuta, en su estudio de las creencias falsas que amargan la vida, incluía la de quienes creen que nunca podrían vivir solos. Para evitar fracasos recomendaba una “escuela para la soledad” paralela a una “escuela para la convivencia”.

Catherine Lutz es una de mis antropólogas preferidas. Vivió durante dos años en un atolón perdido en el Pacífico, con el pueblo de los ilongots, y despues nos contó el mundo afectivo de esa comunidad en un famoso libro titulado Unnatural Emotions. Los ilongots viven en grandes cabañas comunitarias, lo que resultaba muy incómodo a Lutz, acostumbrada a la privacidad de nuestras sociedades. Por ello pidió que le cedieran una pequeña cabaña para ocuparla ella sola. Con ello se granjeó una reputación de demente, porque nadie en su sano juicio, pensaban, podía preferir vivir solo a disfrutar de la cercanía y el contacto con otras personas. La necesidad de vinculación troquela las costumbres. Cuando los ingleses introdujeron el fútbol, los tangu de Nueva Guinea se negaron a jugar si no se cambiaban antes las reglas del juego. A los tangu no les gusta que haya ganadores y perdedores, por lo que hubo que cambiar la finalidad del partido. Lo importante era empatar, y jugaban hasta que lo conseguían. A veces, hasta varios días.

Leo en L’Express: “En Francia hay diez millones de célibataires”, de personas que deciden vivir solas, en una soltería buscada. Parece que ha calado la pesimista frase de Sartre: “El infierno son los otros”. Sin embargo, las encuestas dicen que los solistas disfrutan más de la amistad. Tienen 3,1 amigos de media, mientras que las parejas sólo 1,8. La única condición que ponen es que la amistad no exija compromiso ni altere la independencia o la libertad. Muchos sociólogos se alarman ante la expansión de un individualismo feroz, que no acaba de reconocer la necesidad de vinculación. La soledad se ha convertido en la fortaleza. “Mi soledad es mi castillo”, piensa mucha gente, y desde ella hace excursiones al exterior, para volver siempre al refugio. La reconstrucción del vínculo social, la invención de nuevos sistemas afectivos para la convivencia, aparece así como una de nuestras prioridades culturales.

sábado, 14 de junio de 2008

Remedio de avestruz

"Se cree que un hombre tonto debe ser ordinario y estar sano y que la enfermedad hace al hombre fino e inteligente y personal", se dice en La montaña mágica. Mas esta idea procede de tiempos oscurantistas que daban a la enfermedad y al sufrimiento el carácter de pasaporte para el cielo. Con las Luces de la Ilustración el medio turbio y funerario, la expresión taciturna y funeraria cambia por completo. Un hombre que vive enfermo no es mucho más que un cuerpo. Y en cuanto al estómago: la expresión "no lo trago" que expresa el desprecio o el desdén por una persona o, incluso, el "no me trago", aluden a la notable importancia psíquica que posee el estómago y cuánto bagaje de nuestra personalidad transporta y significa.
En la magia homeopática de los araucanos se empleaban buches disecados de avestruz "buche isuri" "pepsina nostra" para tratar las afecciones dispéticas. El criterio que guiaba esta terapia decisiva era que, a través del estómago de la avestruz, se puede digerir cualquier cosa que se enferme en nada. Ser o comportarse como se atribuye a la avestruz (negándose a ver o aceptar, denegar el peligro y el conflicto) endurece acaso la mente, y su correspondiente aparato digestivo acaba metabolizando y excretándolo todo.

viernes, 13 de junio de 2008

La soledad (I)

Buscada intensamente por unos, ahuyentada a cualquier precio por otros, la soledad, como todos los sentimientos, tiene geografía e historia y no es lo mismo en el Japón de hoy que en la España medieval.

Los sentimientos nos informan acerca de cómo nos van las cosas. Son el resultado del choque entre nuestras expectativas y la realidad. La decepción, por ejemplo, me indica que mis esperanzas no se han cumplido. El miedo, que mis deseos están amenazados por la presencia de un peligro. El sujeto interpreta siempre lo que le sucede desde su cultura, sus proyectos y sus necesidades; por eso una misma situación desencadena sentimientos diferentes en diferentes personas.

Los puristas señalan que la soledad no es un sentimiento, sino una situación real –el hecho de estar solo– que para unas personas es fuente de satisfacción y para otras causa de horror. Como sentimiento, la soledad se ha convertido en un tipo de tristeza. Es la percepción de una ausencia, de algo que debería estar pero no está. El Diccionario de autoridades ya decía: “Se toma particularmente por orfandad o falta de aquella persona de cariño o que puede tener influjo en el alivio y consuelo”.

En circunstancias normales, los humanos necesitamos compañía, comunicación y ayuda. Por eso, la soledad se vive como carencia, abandono, incomunicación o desamparo. Es, pues, la experiencia de echar en falta. Los neurólogos conocen muy bien lo que llaman miembro fantasma. Personas a las que se les ha amputado un brazo o una pierna experimentan dolor en el miembro que ya no tienen. Al parecer, tenemos una imagen de nuestro propio cuerpo íntegro, y cuando falta una parte, el cerebro detecta esa falta mediante el dolor. Algo parecido sucede en la soledad. El mapa de sociabilidad que tiene una persona grita al estar incompleto. El sentimiento de duelo es un caso bien conocido. La desaparición de una persona produce en alguien la ruptura de un apego, de un vínculo cuya profundidad tal vez no sospechaba. No es raro que la quiebra de una relación que se consideraba aburrida o molesta provoque un vivo sentimiento de soledad. Marcel Proust lo cuenta muy bien en el último tomo de En busca del tiempo perdido. Al llegar a casa, el protagonista se entera de que Albertine, su amante, ha huido. Durante cientos de páginas nos ha dicho que no puede aguantarla, pero al comprobar que se ha marchado siente una tristeza insoportable, que le desconcierta. Se siente solo cuando esperaba sentirse liberado. La esencia de la soledad es echar en falta una relación deseada. No es una cuestión física, pues uno se puede sentir solo en medio de la multitud, y no hay nada más doloroso que la soledad de dos en compañía. Hace unas décadas tuvo gran éxito el libro de David Riesman La muchedumbre solitaria, en el que criticaba la incomunicación de las grandes ciudades. Poco después, Robert Putnam, otro sociólogo, publicó un trabajo que tuvo gran repercusión titulado Bowling Alone, algo así como “jugando a los bolos solo”. Se está generalizando un recelo ante la convivencia, un miedo al compromiso, una escuela de desconfianza, que busca la soledad como un refugio.(continuará)

Sueños

Para realizar un gran sueño, lo primero que hace falta es una gran aptitud para soñar; luego, persistencia, que es la fe en el sueño de uno.
Hans Selye

domingo, 8 de junio de 2008

Queda prohibido

¿Qué es lo verdaderamente importante?
Busco en mi interior la respuesta
y me es tan difícil de encontrar.
Falsas ideas invaden mi mente,

acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
aturdida en un mundo de irreales ilusiones,
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
la violencia, el odio, la indiferencia,
se convierten en adorados héroes,
¡no me extraña que exista tanta confusión,
tanta lejanía de todo, tanta desilusión!

Me preguntas cómo se puede ser feliz,
cómo entre tanta mentira puede uno convivir...
cada cual es quien se tiene que responder,
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme sólo alguna vez.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños.
Queda prohibido no demostrarte mi amor,

hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
recordarte sólo cuando no te tengo.

Queda prohibido dejar a mis amigos,
no intentar comprender lo que vivimos,
llamarles sólo cuando los necesito,
no ver que también nosotros somos distintos.
Queda prohibido no ser yo ante la gente,

fingir ante las personas que no me importan,
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
olvidar a todos aquellos que me quieren.

Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
no creer en mi dios y hallar mi destino,
tener miedo a la vida y a sus castigos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.
Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,

odiar los momentos que me hicieron quererte,
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la mía,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
sentir que con su falta el mundo se termina.
Queda prohibido no crear mi historia,

dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
no tener un momento para la gente que me necesita,
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.
Alfredo Cuervo Barrero

sábado, 7 de junio de 2008

La memoria (y III)

En ocasiones, el olvido es algo activamente buscado, especialmente el de los recuerdos traumáticos de experiencias pasadas. Existen dos formas de olvido motivado: la supresión, una forma consciente de olvidar, y la represión, una forma especialmente explicada por el psicoanálisis en la que el olvido no es consciente. No todos los psicólogos coinciden en el concepto de recuerdo reprimido. Uno de los problemas que surgen es que es difícil, por no decir imposible, estudiar científicamente si un recuerdo ha sido reprimido. Como la actividad de ensayar y recordar es algo importante para el fortalecimiento de la memoria, y los recuerdos dolorosos no suelen ser objeto de estas actividades, no es extraño que se puedan desvanecer con el tiempo.
Si nos fuera posible seleccionar los recuerdos que convendría hacer desvanecer, por ejemplo en el ámbito de una terapia, habría que priorizar las memorias traumáticas que aún causan temor y que persisten en la memoria de un modo total o parcial, causando pesadillas, imágenes intrusas del pasado o reacciones fisiológicas de ansiedad. Estos son los contenidos de la memoria que hay que volver a procesar para que se puedan borrar. Por eso, muchas personas que sufren trastorno por estrés postraumático sólo pueden sentirse mejor al volver a recrear la penosa situación que vivieron y las emociones que sintieron en aquel momento. De este modo, la muesca en el disco rayado puede volver a repararse.Una importante razón para recordar lo que sucedió es la reducción del miedo unido al hecho. Los recuerdos del trauma no son peligrosos para nadie aunque puedan sentirse así. La confrontación con el recuerdo en un entorno seguro –como escribir sobre él, describirlo en voz alta, dibujarlo– contribuye a trabajar o procesar el suceso traumático. También actúa reintegrándolo al pasado. La práctica de evitar el recuerdo continuamente, junto a los sentimientos de dolor, miedo, rabia, depresión, vergüenza y autoflagelación relacionada, lo mantiene vigente en el presente. A través del proceso de recordar, es posible entender lo que ocurrió. Sentir rabia por lo que pasó. Recordar, pero sintiendo que no hay peligro, otorga una sensación de control sobre la experiencia y el terror experimentado.
Las terapias basadas en recuperar el recuerdo deben administrarse con ciertas salvedades. Donald Meichenbaum, uno de los fundadores de la psicología cognitivo conductual, advierte sobre algunos puntos:
-Recordar es un proceso reconstructivo, no una reproducción literal de una experiencia pasada. Se olvida más que lo que se recuerda.
-Los recuerdos pueden estar influidos y distorsionados por el curso del tiempo.
-Al reconstruir la memoria no se reproducen todos los detalles.
-En ocasiones, es posible estar seguro de recuerdos inexactos y erróneos.
-No es necesario recordar todo sobre un suceso traumático exactamente como sucedió. Lo que es importante es recobrar información para volver a procesar la memoria. Sólo hay que situar el recuerdo y sus emociones, sensaciones corporales y pensamientos acompañantes en el pasado, que es donde deben estar.
No todos los recuerdos del pasado son traumáticos, mucho son simplemente tristes o cargados de resentimiento. No siempre una evocación negativa nos remueve el cuerpo/mente como para iniciar una terapia. Los malos recuerdos pueden ser reconvertidos y reinterpretados de forma que contribuyan al crecimiento personal. Una persona saludable es aquella que es consciente de que ocurren infortunios en la vida de todos. Sabe mantener el equilibrio al hallar los beneficios y el significado que estos puedan revelar. Despliega habilidades para afrontar la adversidad de un modo realista aprovechándola para el propio crecimiento.Una primera forma de ayudarse a sí mismo a borrar los malos recuerdos sería aprovechar los propios mecanismos de la memoria y el olvido; sólo habría que utilizarlos a nuestro favor:
• Dejar de recrear los malos recuerdos mediante conversaciones, pensamientos victimizadores, de modo que vayan decayendo por desuso.
• Permitir el paso a las nuevas experiencias del presente con el fin de que sustituyan las tristes experiencias anteriores.
• No investigar ni intentar rememorar los detalles de los recuerdos para que no se fijen en la memoria a largo plazo.
• Y por último, decidir conscientemente lo que se desea o no olvidar.
Otra técnica propuesta por Babette Rothschild en su libro The Body Remembers (2000) es el aprendizaje de la conciencia dual (dual awareness). La finalidad de esta técnica es observar y trabajar sobre el recuerdo mientras la persona se reafirma que está segura en el momento presente. Esto contribuye a ver la experiencia pasada desde la persona que observa y la persona que experimenta.
Lo único real es el presente. Muchas veces la elección de estar plenamente en el ahora es lo único que se necesita para recobrar la serenidad y tan sólo se requiere optar por ello. Elegir el presente es la opción de renovarse día a día, resetearse cada mañana para ver el mundo siempre nuevo, salido de fábrica, y como algo eterno que estaba antes y estará después de nosotros.

lunes, 2 de junio de 2008

Los países nocturnos


Hay una geografía de la mente.
Hay paisajes nocturnos, igual que hay territorios
en donde un sol dichoso se eterniza.
Hay países de sombra que regresan
en el maldito tren de largo recorrido
con parada en nosotros.

Hay un desierto de la inteligencia,
y he navegado océanos sin luz
al fondo de unos ojos
que no tenían fondo.

No es una nueva dimensión del mundo.
El primer hombre ya exploró la tierra
en su vastedad negra; le bastó un instante
de auténtico dolor, para haber fatigado
los trenes, los desiertos, las selvas y los ojos.

Estas desordenadas palabras en la niebla
no pretenden servir, ahora ni nunca,
de acta fundacional de ninguna ciudad.
Estas ciudades han sido desde siempre
y viven en el alma,
alzadas en un aire enrarecido,
callejón neblinoso por donde ya anduvimos,
extrarradio feroz al que nos condenaron.

Explorador sin suerte,viajero del mundo que has perdido
el Sur y el Norte, y el avión de regreso
hacia una patria un poco más amable.
Hermano equivocado que estuviste
el día equivocado
en el equivocado centro de tu vida,
equivocando el modo de escaparte.

Hay una geografía de la mente.
Hay un teatro donde se representa
nuestro viaje hacia nosotros,
desde nosotros mismos.
Y en la escena final del acto último
hay un barco que se hunde en un hielo brumoso,
mientras en los salones
una orquesta fantasma
acomete un vals para los muertos.

Adivina quién fue invitado a los salones,
adivina quién baila la música fantasma,
y adivina quién se hundió con ese barco.
Carlos Marzal

sábado, 31 de mayo de 2008

La memoria (II)

Durante el último siglo han surgido y se han ido perfeccionando muchas explicaciones teóricas sobre cómo se producen la memoria y el olvido. Como resumen de ellas, se sabe que a veces el olvido ocurre porque algo de la información que nos entra no llega nunca a alcanzar el almacén de la memoria a largo plazo; en otras ocasiones, esta sí llega, pero se disipa antes de fijarse; otras veces, simplemente se desdibuja por falta de uso en el tiempo; es posible que estemos programados para borrar datos que no son relevantes para nuestra vida.

Una de las teorías más antiguas sobre el olvido afirma que olvidamos cuando no utilizamos la información. Con el paso del tiempo, si los recuerdos no son evocados o usados ocasionalmente, tienden a desvanecerse gradualmente hasta desaparecer por completo. La teoría ha sido reformulada más recientemente por Bjork, quien considera que el olvido es algo útil y adaptativo. Proponen que el recuerdo que no es relevante para los planes de una persona en tiempo presente pierde su fuerza de recuperación, es decir, es más difícil a acceder a él. No obstante, afirman que la información que no se usa sigue almacenada de alguna forma en la mente. El fallo en esta teoría es que se ha demostrado que incluso los recuerdos que no han sido evocados pueden ser notablemente estables en la memoria a largo plazo.

Otra teoría sobre el olvido surgió como alternativa a la anterior. Sostiene que olvidamos la información porque otros recuerdos dificultan o interfieren con su recuperación del almacén de memoria. Es más probable que ocurra la interferencia cuando los recuerdos son muy similares a los de la antigua información.Algunas veces son los recuerdos nuevos los que dificultan la recuperación de los pasados (interferencia retroactiva), y otras veces los viejos recuerdos interfieren en la recuperación de los más recientes (interferencia proactiva).

También suelen olvidarse aquellas cosas que nunca entraron en la memoria a largo plazo. Son los fallos de fijación o codificación. Existe un experimento conocido en el que los investigadores solicitan a los participantes que identifiquen la moneda correcta de entre un grupo de monedas incorrectas. Pongamos un euro, por ejemplo: un euro correcto de entre una serie de euros incorrectos. Si intentamos dibujar una moneda de euro de memoria y comparamos el dibujo con un euro real, veremos que probablemente nos acordamos del tamaño y el color, pero no recordamos los detalles menores. La razón por la que esto sucede es que fijamos solamente los detalles necesarios para distinguir el euro de otras monedas que tenemos grabadas en la memoria. (continuará)

viernes, 30 de mayo de 2008

Caminando

Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años...
Pero lo importante no cambia: tu fuerza y convicción no tienen edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés vivo, siéntete vivo.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas.
Sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
¡Pero nunca te detengas!

Teresa de Calcuta

miércoles, 28 de mayo de 2008

Limitaciones

La vida es breve; el arte, amplio; la oportunidad, efímera; la experiencia, incierta; el juicio, difícil.
Hipócrates, Ed. W. H. Jones.

domingo, 25 de mayo de 2008

Contra la perfección

Mi amigo psiquiatra, un formidable hombre culto, me hace ver repetidamente que el mundo es así como es y los seres humanos tan irremediablemente imperfectos como nos parecen.
El diagnóstico, contra lo que parece, dista de ser una consigna conservadora o una orden de mansedumbre universal. Se trata más bien de una luz tranquila que hace ver las taras y como componentes inseparables de la vida y sus complejas relaciones. De este modo, la figura de la desdicha o la insatisfacción frecuente se recibe no tanto como una insoportable deformidad sino como la genuina imagen de lo más real. La realidad no se tersa o mejora a nuestro antojo ni tiende a complacer las surtidas variantes de nuestros deseos. Es lo que es. Es tal como una orografía independiente de nuestra voluntad y constantemente apartada de los proyectos que imaginamos. Es absolutamente lo que es. Los rasgos de su fisonomía que nos desagradan sólo provocan aún más dolor cuando pretendemos que sean de otro modo. Las cosas son como son, las personas con quienes no coincidimos resultan ser tan irreductibles como nuestra propia diferencia y, en consecuencia, lejos de pugnar por cambiarlas ganaríamos más asumiendo sus caracteres y recorrerlos desde su negación.
La tranquilidad que se desprende de esta actitud positiva se corresponde con la serenidad que procura saberse imperfecto para siempre. La perfección es un estorbo y su persecución una tabarra. Lo es tanto la perfección en sentido absoluto como la perfección relativa que asociamos a la semejanza de alguien con nuestro yo, de cuya similitud esperamos, ilusoriamente, un plus de deleites. Ni la tensión hacia el ser perfecto ni la busca de la máxima unidad personal traen nada bueno. Más bien son la fuente segura de infelicidad puesto que la infelicidad se potencia con la impotencia de un anhelo y nada será menos asequible en este mundo que hacer de los sujetos y las cosas el ser deseable que no son.
Vicente Verdú

La memoria (I)

Los recuerdos no siempre son verdad, la mente suele maquillarlos a voluntad, pero a veces duelen mucho y se atascan. El olvido es una depuración natural que ejercita el cerebro, por lo que el mundo de la psicología y la neurología estudia cómo ocurre y cómo podría llegar a practicarse a voluntad.

En el rincón de los deseos humanos hay uno que todos compartimos: olvidar a placer los hechos o las personas que nos han causado sufrimiento, apartar a voluntad el recuerdo que maldecimos para aquietar el dolor que penetra en nuestro presente. La íntima esperanza sería gozar de una memoria selectiva, de una capacidad de olvidar deliberadamente.

En realidad, el pasado acaba convirtiéndose en una construcción subjetiva de conceptos, una película de gran imaginación creativa que rellena las lagunas que surgen a base de embellecedoras florituras o sobrecargada victimización.

¿Merece el pasado tanto crédito como para permitirle que nos persiga hasta el presente siendo que es, a fin de cuentas, la resultante de una mejor o peor memoria, aderezada con juicios personales, miedo, culpa y lo que debería haber sido y no fue? ¿Tanto poder hay que adjudicar al pasado? ¿Realmente habrá que hacer esfuerzos para recordar? ¿Cómo podemos saber si lo que recordamos es real? ¿Cómo saber si no son falsos los recuerdos? ¿No sería mejor vivir con plenitud el presente y tratar de olvidar tristes evocaciones? Estas preguntas están causando controversia entre los estudiosos de la psicología y la neurología.

Cierto es que algunos recuerdos traumáticos del pasado pueden atormentar a algunas personas que no pueden desvincularse de la emoción que sintieron durante el evento. Son los que sufren el llamado estrés postraumático. Hay soluciones terapéuticas en las que rememorar puede producir un reprocesamiento del trauma y una atenuación de las emociones asociadas. La emoción unida al hecho traumático ha quedado grabada en la memoria como una muesca en un disco rayado que hay que reparar reviviendo el evento en la sesión de terapia.

Olvidar es útil y necesario Es imposible hablar del recuerdo sin mencionar la contraparte, el olvido. Parece ser que olvidamos mucho más de lo que recordamos. El olvido no es algo negativo y es un fenómeno completamente natural. Si se recordara cada minuto de cada hora de cada día durante la vida entera, sin tener en cuenta la relevancia del recuerdo, estaríamos buscando continuamente lo importante en medio de menudencias.
El olvido se define como la pérdida de información en el tiempo. En la mayoría de las situaciones, recordamos mejor la información poco después de recibirla que tiempo después. Con el paso del tiempo, se pierde parte de la información. Es un hecho frecuente que falle la memoria cuando se necesita, lo cual es una molestia, no hay duda. No obstante, el olvido permite poner al día y actualizar el contenido de la memoria. Cuando recibimos un nuevo número de teléfono, tenemos que olvidar el anterior para recordar el nuevo. Si aparcamos el coche todos los días en un gran aparcamiento, tendremos que recordar dónde aparcamos hoy y no ayer o anteayer. Por eso, el olvido tiene una función útil y adaptativa. (continuará)

viernes, 16 de mayo de 2008

Gracias

¿Qué es una "gracia"?: una gracia, ¿no es un don? Un don, ¿no es un regalo, una virtud que nos ha sido regalada, caída del cielo? Entonces, si yo digo "te doy las gracias", estoy diciendo "te doy mis dones": lo que yo he recibido y de bueno tengo, aquello en lo que he sido agraciado, te lo regalo, puesto que lo que tú me has dado, tus palabras, tu abrazo, tu ayuda, lo que sea, lo merece. Gracias... a todos.

martes, 13 de mayo de 2008

Martes y 13

"En martes y 13 ni te cases ni te embarques", ¿cuántas veces no habremos dicho u oído esta expresión? La verdad es que el origen de la superstición sobre esta fecha no parece claro. Algunas tradiciones apuntan a la relación entre el martes y el dios de la guerra romano, Marte, al que se relaciona con la muerte. Además se añade el número de comensales en la última cena: 13, entre los que el último en sentarse fue, además, Judas. Un motivo como otro cualquiera para poder acusar al calendario de todo lo malo que ocurra este día.
El filósofo Javier Sádaba recalca la importancia del número, que vendría de rituales paganos, previos al cristianismo: "el misticismo del número 13 proviene de los druidas, los sacerdotes de las tribus celtas, que se reunían en los bosques". De hecho, mientras que en los países hispanos el día de mal agüero es el martes, para los anglosajones es el viernes (de ahí el título de la película de terror Viernes 13)
Sádaba diferencia entre dos tipos de supersticiones. Las "duras", las más peligrosas, que se aproximan a las creencias religiosas y las "blandas", aquellas que nos empujan a tratar de evitar derramar la sal o cruzar por debajo de una escalera, sin llegar a condicionar por ello nuestra vida. "Cuando yo digo que soy supersticioso y que no quiero viajar un día determinado expreso mi sensación de soledad frente al mundo", afirma Sádaba excusando esas pequeñas manías que todos tenemos. "No hacen mal, son puros símbolos".
La mala fama del número 13 se extiende por los ámbitos más diversos y desde los tiempos más remotos. Ya el Código de Hammurabi (el primer conjunto de leyes de la historia que se remonta al 1692 a.C.) se salta el punto decimotercero, aunque no se ha podido establecer el motivo.
Lo que parece mucho más claro es que hoy en día en diversos campos se evita esa cifra, aunque no nos demos cuenta de ello. Iberia, en sus aviones, prescinde de la fila número 13 de asientos y pasa directamente de la 12 a la 14, aunque desde la compañía no saben precisar por qué. Numerosos hoteles evitan las habitaciones o planta con esa cifra. Esta costumbre, que se recoge en películas y series de televisión, también se respeta en hoteles tan conocidos como el Palace o el Ritz de Madrid, el María Cristina de San Sebastián o el Arts de Barcelona.
La aeronáutica tampoco ha escapado a la superstición y, después del "Houston, tenemos un problema" del capitán del Apollo XIII Jim Lovell, las misiones espaciales procuran pasar directamente a la decimocuarta misión.
Las supersticiones son una explicación de la realidad basada en creencias irracionales, no científicas. Una forma de echarle la culpa a algo ajeno para quitársela uno mismo. "Si una mañana no suena el despertador, llego tarde a un examen, lo suspendo y además me tiro encima el café puedo echarle la culpa a que hice algo mal, como poner el bolso en el suelo [otra superstición popular]". También existe, por supuesto, otra explicación: "llegué tarde a casa, no miré bien el despertador, eso hizo que llegara alterado al examen y como lo suspendí y estaba nervioso me tiré encima el café". En el segundo caso hay una responsabilidad personal, en el primero depende del azar. Mucho más fácil de asumir.
Podría parecer extraño que este tipo de creencias llegaran a condicionar la conducta hasta afectar a la personalidad pero, para el profesor Sádaba, "una de las desgracias del hombre es que dimite con bastante facilidad de la libertad personal” afirma el filósofo, que une las supersticiones con la falta de cultura. "Surgen detrás de la ignorancia". Al menos lo que él considera "supersticiones duras", aquellas que son más parecidas "a las creencias religiosas, al fanatismo. Esas hay que combatirlas pedagógicamente y demostrar que son mentira".


Helena Martínez