miércoles, 17 de agosto de 2011

Sail away from the safe harbor



“Twenty years from now you will be more disappointed by the things you didn’t do than by the ones you did do. So throw off the bowlines, sail away from the safe harbor. Catch the trade winds in your sails. Explore. Dream. Discover.”

Mark Twain

lunes, 25 de julio de 2011

Personalities through lyrics (III)


" But I'm a creep, I'm a weirdo.
What the hell am I doing here?
I don't belong here."
Radiohead
"What do I have to do to make you love me?
What do I have to do to make you care?"
Elton John
"That wasn't enough to make us proud. We love
you just the way you are if you're perfect."
Alanis Morisette

domingo, 17 de julio de 2011

Canción de amor caducada

Personalities through lyrics (II)


" I'm a cold heartbreaker fit to burn and I'll rip your heart in two."
Guns n'Roses

" When I start to make you nervous
and I go into extremes,
tomorrow I will change
and today won't mean a thing...
Just when you think you got me figured out
the season's already changing."
Meredith Brooks

"Notice me, take my hand."
Britney Spears

"You're simply the best, better than all my rest,
better than anyone I've ever met."
Tina Turner

domingo, 10 de julio de 2011

Personalities through lyrics (I)



"I have a constant fear that something's always near... I have a phobia that someone's always there."
Iron Maiden

"Know when you see him, nothing can free him. Step aside, open wide, it's the loner."
Neil Young

"The bell that rings inside your mind is challenging the doors of time. It's a kind of magic."
Queen

domingo, 5 de junio de 2011

Extremos


La vida es breve, pero aún así, siempre podemos aprender un par de cosas antes de la traca final. Una de las cosas que tengo observadas es que los extremos se tocan.
Los grandes amores se transforman en grandes odios, la callada paz deriva en estrepitosa guerra, el tedio infinito genera enorme excitación, las grandes intimidades traen gigantescos alejamientos...

Sam Savage. Firmin 2009

jueves, 7 de abril de 2011

Canciones

Qué misterio, las canciones. Cuánta poesía y cuánta música
y cuánta experiencia y cuánta fiebre y cuánto dolor
y cuánta belleza en dos o tres o cuatro minutos,
cuántas historias dichas para siempre,
en unas pocas palabras, en tantos idiomas.

Antonio Muñoz Molina

lunes, 10 de enero de 2011

Inocencia en decadencia


"Este es el mundo.
En ti florecen las semillas del desastre y el dolor es mucho.
Tu energía te une, tu ternura inocente, la ambición y la lujuria, cada día percibes menos tu vitalidad e independencia y aumenta tu incredulidad!
... ¡Oh, si estás en los últimos años de tu infancia, tu mirada atrás hará las delicias de los huérfanos a quien la mayoría envidia y disfruta"

Cámara oscura. Nicolaas Beets

martes, 14 de septiembre de 2010

Que tengamos suerte (Que tinguem sort)

Si me dices adiós
quiero que el día sea limpio y claro,
...que ningún pájaro
rompa la armonía de su canto.

Que tengas suerte
y que encuentres
lo que te ha faltado en mí.

Si me dices te quiero
que el sol haga el día mucho más largo,
y así robar
tiempo al tiempo de un reloj parado.

Que tengamos suerte,
que encontremos
todo lo que nos faltó ayer.

Que mañana faltará el fruto de cada paso
para ganar lo que todos hemos
esperado estos años.
Cada paso nos acerca más al mañana
y por esto a pesar de la niebla, hay que andar.

Si vienes conmigo
no pidas un camino llano
ni estrellas de plata
ni una mañana llena de promesas,
solamente
un poco de suerte
y que la vida nos dé un camino
bien largo.


Lluís Llach

viernes, 20 de agosto de 2010

Mar


El mar es a mi vida
lo que al hambriento el pan;
para saciar mi espíritu
tengo que ver el mar.

El mar me da la norma
y el ansia de vivir:
su majestad es ciencia
suprema para mí.

Palabras de los siglos,
obras de eternidad,
¿qué sois ante la inmensa
sublimidad del mar?

Partículas del polvo
que el viento alza al barrer,
que al sol brillan un punto
y luego no se ven.

El mar es lo diverso;
lo eterno está en el mar;
es múltiple, absoluto,
y siempre universal.

Yo he visto al mar alzarse
soberbio de altivez;
y luego, humildemente,
tenderse ante mis pies.

El mar guarda el secreto
de toda comprensión;
su espacio es el palacio
de la imaginación.

El mar del mediodía
radiante en claridad,
es un influjo activo
de vida y ansiedad.

Y en el ocaso de oro
y en la mañana azul,
el mar es siempre norma
de fuerza y de salud.

Yo al mar le debo entera
mi vida, que es un mar:
un mar de sentimiento
y de serenidad.

Por eso el mar ejerce
en mí tanta atracción…
Lo que hay dentro de mí
es mar y corazón.


Preludio. Saulo Torón

domingo, 15 de agosto de 2010

" ¿Por qué me gustan las medusas? No lo sé. Las encuentro bonitas. Antes, mientras las miraba, he pensado una cosa. Escucha, lo que nosotros vemos es sólo una pequeña parte del mundo. Damos por hecho que esto es el mundo, pero no es del todo cierto. El verdadero mundo está en un lugar más oscuro, más profundo, y en su mayor parte lo ocupan criaturas como las medusas. Eso nosotros lo olvidamos. ¿No te parece? Dos terceras partes del planeta son océanos y lo que nosotros podemos ver con nuestros ojos no pasa de ser la superficie del mar, la piel. De lo que verdaderamente hay debajo no sabemos nada. "
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Haruki Murakami

viernes, 23 de julio de 2010

Melenara y Lope de Vega


Unas lenguas corrió más adelante…
determínase a hacer agua bastante,
Y veinte ingleses pone en la campiña
Que llaman los isleños Melenara;
Pero viéndose el agua allí muy cara.

Que ciertos ganaderos que a sus dueños,
Guardaron más el agua que las reses
Ya con tejidas hondas, ya con leños,
Como troncos de pino y cipreses,
Prueban los brazos rústicos los isleños
En los soldados míseros ingleses,
Como ministros de la yunque en fragua
Haciéndoles llevar la sangre por agua.
Y allí se vio que al fin de tantos robos
Mueren a manos del pastor los lobos…

Lope de Vega

domingo, 6 de junio de 2010

Anatomía de la codicia

Por incoherente y absurdo que parezca, cuanto más progreso económico desarrolla una sociedad, más infelices suelen ser los seres humanos que la componen. De ahí que algunos de los países más ricos del mundo, como Suecia, Noruega, Finlandia y Estados Unidos, cuenten, paradójicamente, con las tasas de suicidio más elevadas del planeta. En el mundo, un millón de seres humanos se quitan la vida cada año. Y al menos otros 15 millones lo intentan sin conseguirlo.

Haciendo caso omiso a la incómoda verdad que se esconde detrás de estas estadísticas, la mayoría de naciones están adoptando las creencias y los valores promovidos por el estilo de vida materialista y deshumanizado imperante en la actualidad. Es la “globalización”, un proceso por el cual el sistema de libre mercado, guiado por el obsesivo e insostenible afán de crecimiento económico de las corporaciones, está dificultando a los seres humanos desarrollar el altruismo y alcanzar la plenitud.

LA SOCIEDAD DEL MALESTAR
“El crecimiento económico del sistema capitalista se sustenta gracias a la insatisfacción de la sociedad” (Clive Hamilton)


Como consecuencia de la epidemia de malestar y sinsentido que padecen muchos seres humanos, en el ámbito de la investigación universitaria ha nacido una nueva especialidad profesional: el comportamiento económico, que estudia la influencia que tiene la psicología sobre la economía y ésta sobre la actitud y la conducta de individuos y organizaciones. Entre otros expertos, destaca el economista norteamericano George F. Lowenstein, cuyo nombre aparece en algunas quinielas como candidato a recibir el Premio Nobel de Economía a lo largo de la próxima década.

En el escenario socioeconómico actual, ¿es el sistema capitalista el que nos condiciona para convertirnos en personas competitivas, ambiciosas y corruptas, o somos nosotros los que hemos creado una economía a nuestra imagen y semejanza? ¿Qué viene antes: el huevo o la gallina? De las tesis formuladas por Lowenstein se desprende que en este caso el huevo es la gallina. Es decir, que nuestra incapacidad de ser felices nos ha vuelto codiciosos, convirtiendo el mundo en un negocio en el que nadie gana y todos salimos perdiendo. Y en paralelo, el sistema monetario sobre el que se asienta nuestra existencia dificulta y obstaculiza la ética y la generosidad que anidan en lo profundo de cada corazón humano.

Pero entonces, ¿qué es la codicia? ¿De dónde nace? ¿Adónde nos conduce? Etimológicamente procede del latín cupiditas, que significa “deseo, pasión”, y es sinónimo de “ambición” o “afán excesivo”. Así, la codicia es el afán por desear más de lo que se tiene, la ambición por querer más de lo que se ha conseguido. De ahí que no importe lo que hagamos o lo que tengamos; la codicia nunca se detiene. Siempre quiere más. Es insaciable por naturaleza. Actúa como un veneno que nos corroe el corazón y nos ciega el entendimiento, llevándonos a perder de vista lo que de verdad necesitamos para construir una vida equilibrada, feliz y con sentido.

LA CORRUPCIÓN DEL ALMA
“La riqueza material es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da” (Arthur Schopenhauer)

Últimamente se ha hablado mucho del presidente del Palau de la Música, Fèlix Millet, al que se le acusa de haber robado 10 millones de euros. O del multimillonario Bernard Madoff, considerado un brillante gestor de inversiones y filántropo hasta que un día confesó a sus hijos Andrew y Mark que su vida era “una gran mentira”. El imperio económico que había construido a lo largo de las últimas décadas se sustentaba en la codicia, la estafa y la corrupción.

Tras ser arrestado y procesado, Madoff fue condenado el 29 de junio de 2009 a 150 años de cárcel por ser el responsable del mayor fraude financiero de la historia, cifrado en más de 35.000 millones de euros. ¿Qué motiva a un hombre que lo tiene todo a querer más? ¿Por qué tantas personas se vuelven corruptas, mezquinas y perversas al alcanzar el poder?

Para muchos psicólogos, personas como Madoff o Millet representan la punta del iceberg de uno de los dramas contemporáneos más extendidos en la sociedad: “la corrupción del alma”. Así se denomina la conducta de las personas que se traicionan a sí mismas, a su conciencia moral, pues en última instancia todos los seres humanos sabemos cuándo estamos haciendo lo correcto y cuándo no. Y es que para cometer actos corruptos, primero tenemos que habernos corrompido por dentro. Esto implica marginar nuestros valores éticos esenciales –como la integridad, la honestidad, la generosidad y el altruismo en beneficio de nuestro propio interés.

RICOS FUERA, POBRES DENTRO
Nada que esté fuera de ti podrá nunca proporcionarte lo que estás buscando” (Byron Katie)

Según las investigaciones científicas de Lowenstein, cuando las personas son víctimas de su codicia entran en una carrera por lograr y acumular poder, prestigio, dinero, fama y otro tipo de riquezas materiales. Quienes cruzan la línea una vez, tienden a cruzarla constantemente. Las personas codiciosas se engañan a sí mismas; siempre encuentran excusas para justificar sus decisiones y actos corruptos. El hecho de que los demás lo hagan ya es suficiente para hacerlo. Sin embargo, la sombra de su conciencia moral les persigue de por vida.

Una vez ascienden por la escalera que creen que les conducirá al éxito y, en consecuencia, a la felicidad, comienzan a ser esclavas del miedo a perderlo todo. De ahí que se vuelvan más inseguras y desconfiadas, invirtiendo tiempo y dinero en protegerse y proteger lo que poseen. Y no sólo eso. Se sabe de muchos casos en los que las personas codiciosas terminan aislándose de los demás, con lo que su grado de desconexión emocional aumenta y su nivel de egocentrismo se multiplica.

Por eso muchos intentan compensar su malestar con el placer y la satisfacción a corto plazo que proporciona la vida material. Para conseguirlo necesitan cada vez más dinero, lo que les lleva, en algunos casos, a cometer estafas en sus propias organizaciones, tal y como hicieron Madoff y Millet. Según la consultora Deloitte, “más de seis de cada 10 fraudes empresariales se cometen desde dentro”. Muchos se planean en los despachos de la cúpula directiva. Que la corrupción se haga pública, es otra historia.

En palabras de Lowenstein, “la codicia es una semilla que crece y se desarrolla en aquellas personas que padecen un profundo vacío existencial, sintiendo que sus vidas carecen de propósito y sentido”. Tenemos de todo, pero ¿nos tenemos a nosotros mismos? La codicia nace de una carencia interior no saciada y de la falsa creencia de que podremos llenar ese vacío con poder, dinero, reconocimiento y, en definitiva, con un estilo de vida materialista, basado en el consumo y el entretenimiento.

LA FILOSOFÍA DE LA ‘NO NECESIDAD’
“Lo que nos hace ricos o pobres no es nuestro dinero, sino nuestra capacidad de disfrutar” (Víctor Gay Zaragoza)

Un hombre de negocios pasaba sus vacaciones en un pueblo costero. Una mañana advirtió la presencia de un pescador que regresaba con su destartalada barca. “¿Ha tenido buena pesca?”, le preguntó. El pescador, sonriente, le mostró tres piezas: “Sí, ha sido una buena pesca”. El hombre de negocios miró al reloj: “Todavía es temprano. Supongo que volverá a salir, ¿no?”.
Extrañado, el pescador le preguntó: “¿Para qué?”. “Pues porque así tendría más pescado”, respondió el hombre de negocios. “¿Y qué haría con él? ¡No lo necesito! Con estas tres piezas tengo suficiente para alimentar a mi familia”, afirmó el pescador. “Mejor entonces, porque así usted podría revenderlo”. “¿Para qué?”, preguntó el pescador, incrédulo. “Para tener más dinero”. “¿Para qué?”. “Para cambiar su vieja barca por una nueva, mucho más grande y bonita”. “¿Para qué?”. “Para poder pescar mayor cantidad de peces”.
“¿Para qué?”. “Así podría contratar a algunos hombres”. “¿Para qué?”. “Para que pesquen por usted”. “¿Para qué?”. “Para ser rico y poderoso”. El pescador, sin dejar de sonreír, no acababa de entender la mentalidad de aquel hombre. Sin embargo, volvió a preguntarle: “¿Para qué querría yo ser rico y poderoso?”. “Esta es la mejor parte”, asintió el hombre de negocios. “Así podría pasar más tiempo con su familia y descansar cuando quisiera”. El pescador lo miró con una ancha sonrisa y le dijo: “Eso es precisamente lo que voy a hacer ahora mismo”.