jueves, 18 de octubre de 2007

Sobrevivir con uno mismo

Nada es más exigente que encontrarse diariamente con que uno ha de soportarse. Y no ya solo por lo monótonos que nos parecemos, sino porque, en verdad, conocemos bien nuestras insuficiencias y obsesiones. Somos más reiterativos de lo que creemos. Con todo, no es la repetición lo más insufrible. Estamos poblados también de frustraciones y de culpa. Y no exclusivamente por las cosas hechas mal, sino por tantas otras desatendidas, no cumplidas, olvidadas, descuidadas. Una vida es una ingente cantidad de tareas sin realizar, de vidas no vividas. No es que hayamos de incidir en remordimientos, ya se ocupan ellos de efectuar su labor, aunque el mayor de los pesares suele obedecer, en última instancia, a lo no hecho, por indecisión, por torpeza, por vagancia o, incluso sencillamente, por esa dejadez tan activa que nos impulsa a vernos acunados por los acontecimientos, adormilados por lo que nos pasa.

No son, sin embargo, las tareas no efectuadas o mal hechas las que conforman el temblor de nuestro corazón. Los otros, el otro, este o aquella, el afecto no dado, no acogido, el daño ocasionado, la respuesta tibia, insuficiente, o negada, el desamparo provocado, la desatención, cuando no simplemente el descuido, forman parte ya de aquello con lo que tenemos que vivir y que ya nos constituye. Cada día hemos de decidir reconociendo que lo elegido, siquiera en el modo de una indiferencia, nos acompañará siempre. Hemos de saber que quizá lamentaremos no haber estado a la altura de las circunstancias, en definitiva no haber sabido querer y, ni siquiera, querernos. En cada ocasión, vayamos donde vayamos, allí estamos. Hagamos lo que hagamos, tenemos que ver con ello. Abrazar nuestras carencias no es cómodo. No hacerlo es suicida.

No es cuestión de resignarse, ni de castigarse permanentemente de modo cada vez más sofisticado, ni de compadecerse de sí mismo, como si uno fuera la principal víctima de la injusticia del mundo. Y, menos aún, de dejarse gobernar por los propios estados de ánimo, ni de que los trabajos nos dominen y las relaciones nos agobien. Quien no se quiere es peligroso. Quien se gusta demasiado también. Éste el desafío: quererse sin, tal vez, gustarse. De lo contrario seremos, simplemente, poco soportables. Y no solo para los demás. Sobreponernos a nuestra, a veces, insidiosa compañía es también trabajar y soñar por encima de nuestra realidad, resucitar cada día y liberarnos de la resistencia a abrazarnos también a nosotros mismos. Y recrearnos para sobrevivirnos gozosos en cada ocasión.
Ángel Gabilondo

miércoles, 17 de octubre de 2007

Abrazado a la tristeza - Fito y Fitipaldis

He salido a la calle abrazado a la tristeza:
vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena.

Los llantos desconsolados que estrangulan las gargantas;
los ancianos encorvados: parece que la tierra les llama.

La justicia está arrestada por orden de la avaricia;
el dinero que te salva es el mismo que te asesina.

No me des más esperanzas: sé que todo son mentiras;
sacos llenos de agujeros para guardar alegrías.

Me da pena que se admire el valor en la batalla;
menos mal que con los rifles no se matan las palabras...
menos mal que con los rifles no se matan las palabras...

martes, 16 de octubre de 2007

Tributo a Edward Hopper

Habitaciones al mar, 1951

Domingo, 1926

Interior de verano, 1909

Habitación de hotel, 1931

Verano, 1943

Noctámbulos, 1942

Cómo acercarse a las fábulas

Con precaución, como a cualquier cosa pequeña. Pero sin miedo. Finalmente se descubrirá que ninguna fábula es dañina, excepto cuando alcanza a verse en ella alguna enseñanza. Esto es malo.
Si no fuera malo, el mundo se regiría por las fábulas de Esopo; pero en tal caso desaparecería todo lo que hace interesante el mundo, como los ricos, los prejuicios raciales, el color de la ropa interior y la guerra; y el mundo sería entonces muy aburrido, porque no habría heridos para las sillas de ruedas, ni pobres a quienes ayudar, ni negros para trabajar en los muelles, ni gente bonita para la revista Vogue.
Así, lo mejor es acercarse a las fábulas buscando de qué reír.
—Eso es. He ahí un libro de fábulas. Corre a comprarlo. No, mejor te lo regalo: verás, yo nunca me había reído tanto.

lunes, 15 de octubre de 2007

¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?



Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo,

Que nadie establece normas salvo la vida,

Que la vida sin ciertas normas pierde forma,

Que la forma no se pierde con abrirnos,

Que abrirnos no es amar indiscriminadamente,

Que no está prohibido amar,

Que también se puede odiar,

Que el odio y el amor son afectos

Que la agresión porque sí hiere mucho,

Que las heridas se cierran,

Que las puertas no deben cerrarse,

Que la mayor puerta es el afecto,

Que los afectos nos definen,

Que definirse no es remar contra la corriente,

Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja,

Que buscar un equilibrio no implica ser tibio,

Que negar palabras implica abrir distancias,

Que encontrarse es muy hermoso,

Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida,

Que la vida parte del sexo,

Que el "por qué" de los niños tiene un porque,

Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad,

Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana,

Que nunca está de más agradecer,

Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo,

Que nadie quiere estar solo,

Que para no estar solo hay que dar,

Que para dar debimos recibir antes,

Que para que nos den hay que saber también cómo pedir,

Que saber pedir no es regalarse,

Que regalarse es, en definitiva, no quererse,

Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos,

Que para que alguien "sea" hay que ayudarlo,

Que ayudar es poder alentar y apoyar,

Que adular no es ayudar,

Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara,

Que las cosas cara a cara son honestas,

Que nadie es honesto porque no roba,

Que el que roba no es ladrón por placer,

Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo,

Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte,

Que se puede estar muerto en vida,

Que se siente con el cuerpo y la mente,

Que con los oídos se escucha,

Que cuesta ser sensible y no herirse,

Que herirse no es desangrarse,

Que para no ser heridos levantamos muros,

Que quien siembra muros no recoge nada,

Que casi todos somos albañiles de muros,

Que sería mejor construir puentes,

Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve,

Que volver no implica retroceder,

Que retroceder también puede ser avanzar,

Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol,

¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida?
Mario Benedetti

domingo, 14 de octubre de 2007

Leer


"Las razones que puede dar un escritor para leer son, supongo, tan previsibles como las que podría dar un compositor para escuchar música o un director de cine para ver películas.
Quizá un profesor dijera a sus alumnos que leyendo se aprenden infinidad de cosas, presentes y pasadas; que se ejercita la imaginación; que se adquieren conocimientos que nos serán de gran utilidad en la vida y hasta que uno se ayuda a sí mismo a triunfar.
Todo eso es cierto, a mi parecer, pero nada de ello es exclusivo de la literatura, de la novela, la poesía, los cuentos. Lo que sí nos da la literatura, y sólo ella, es, creo yo, la posibilidad de ser también otros de los que somos, y de vivir las vidas que seguramente nunca viviremos, y por lo tanto de descansar a ratos, de nosotros mismos, algo en verdad necesario y muy satisfactorio. Y además, si no nos puede explicar los misterios de la existencia, por lo menos nos los muestra y nos los cuenta. Y eso es ya muchísimo. Es casi algo ilimitado."
Javier Marías

Sentido Común según Descartes


Dedicado a Mercedes, con ánimo de arrojar luz en su búsqueda ;-)

"El buen sentido es lo que mejor repartido está entre todo el mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él, que aún los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen. En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por lo tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas. No basta, en efecto, tener el ingenio bueno; lo principal es aplicarlo bien. Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes; y los que andan muy despacio pueden llegar mucho más lejos, si van siempre por el camino recto, que los que corren, pero se apartan de él"

Fragmento del "Discurso del Método". René Descartes

viernes, 12 de octubre de 2007

No permitas que la vida te pase a ti



No dejes que termine el día
sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite
el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras
y las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y es oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,
porque sólo en sueños
puede ser libre el Hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. Huye.

"Emito mis alaridos por los techos
de este mundo", dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas.

No traiciones tus creencias
porque no podemos remar
en contra de nosotros mismos:
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron ,
de nuestros "Poetas Muertos",
te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros:Los "Poetas Vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas...

Walt Whitman
(De "La sociedad de los poetas muertos")

"Vive como si fueras a morir mañana,
aprende como si fueras a vivir para siempre"
Mahatma Gandhi

jueves, 11 de octubre de 2007

Palabras de Nobel


Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007
“Érase una vez un tiempo -y parece muy lejano ya- en el que existía una figura respetada, la persona culta. Él -solía ser él, pero con el tiempo pasó a ser cada vez más ella- recibía una educación que difería poco de un país a otro -me refiero, por supuesto, a Europa-, pero era muy distinta a lo que conocemos hoy.
William Hazlitt, nuestro gran ensayista, fue a una escuela a finales del siglo XVIII cuyo plan de estudios era cuatro veces más completo que el de una escuela equiparable de ahora: una amalgama de los principios básicos de la lengua, el derecho, el arte, la religión y las matemáticas. Se daba por sentado que esta educación, ya de por sí densa y profunda, sólo era una faceta del desarrollo personal, ya que se esperaba de los alumnos que leyesen, y así lo hacían.
Este tipo de educación, la educación humanista, está desapareciendo. Cada vez más los Gobiernos animan a los ciudadanos a adquirir conocimientos profesionales, mientras no se considera útil para la sociedad moderna la educación entendida como el desarrollo integral de la persona.
La educación de antaño habría contemplado la literatura y la historia griegas y latinas y la Biblia como la base para todo lo demás. Él -o ella- leía a los clásicos de su propio país, tal vez a uno o dos de Asia y a los más conocidos escritores de otros países europeos: Goethe, Shakespeare, Cervantes, los grandes rusos, Rousseau (...)
Esto ya no existe (...)
Quedan parcelas de la excelencia de antaño en alguna universidad, alguna escuela, en el aula de algún profesor anticuado enamorado de los libros, quizá en algún periódico o revista. Pero ha desaparecido la cultura que una vez unió a Europa y sus vástagos de ultramar (...).”
Extraído de su discurso de entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2001

lunes, 8 de octubre de 2007

Más allá de la línea


"Un paso más allá de esa línea, que recuerda la divisoria entre los vivos y los muertos, y se cae en lo desconocido, en el dolor y en la muerte. ¿Y qué hay allí, quién está detrás de ese campo, de aquél árbol, de aquella techumbre iluminada por el sol? Nadie lo sabe, pero querrían saberlo. Es terrible cruzar esa raya, pero querrían hacerlo. Nadie ignora que tarde o temprano habrá que cruzarla y conocer entonces lo que hay más allá, en la otra parte de la divisoria; lo mismo que algún día habrá que saber fatalmente qué hay más allá, al otro lado de la muerte. Y a pesar de todo uno se siente fuerte, sano, alegre y excitado rodeado por otras personas que se sienten también fuertes, alegres y excitadas"

"Guerra y paz". Liev Tolstói.

jueves, 4 de octubre de 2007

Citas


"Dame la fortaleza para transformar las cosas que puedo cambiar, la paciencia para aceptar las que no puedo cambiar, y la sabiduría para conocer la diferencia existente entre ambas"
San Francisco de Asís

"Los hombres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar"
Anton Chéjov


Educación sentimental ( y IV )



Volvamos al plano del territorio afectivo. El amor va acompañado siempre de sentimientos, que normalmente pueden confundirse con él, pero que en realidad sólo van modulándolo, fortaleciéndolo o agostándolo. Los sentimientos pueden ser agradables o desagradables, claro está, y es difícil que el amor sobreviva a sentimientos desagradables voluntariamente causados. Puede sin duda sobrevivir o incluso robustecerse en situaciones inevitables de dolor o tristeza –causadas, por ejemplo, por enfermedades o mala fortuna–, pero es difícil que sobreviva a una situación de tensión, miedo, violencia, aburrimiento o desánimo provocada y mantenida. Una amante de leyenda, Mariana Alcoforado, la monja portuguesa, escribía a su poco solícito enamorado: "Ámame siempre, y haz padecer más a tu pobre Mariana". Me parece un victimismo malsano.
La etapa del cortejo o del enamoramiento suele ser tan satisfactoria porque, por regla general, ambos enamorados se esfuerzan por provocar sentimientos agradables en el otro, cosa que después se olvida con frecuencia. Por último, el amor puede consolidarse como forma de apego. El niño siente apego por sus padres. Es una relación de necesidad, de dependencia, de seguridad, un deseo de no separarse. El amor se consolida en formas estables de cariño, de confianza. Pero este apego no sólo puede prolongar el amor, sino también suplantarlo. Suelo preguntar a mis alumnos: "Si alguien te dice, sinceramente, ‘no puedo vivir sin ti’, ¿debes tomarlo como una señal inequívoca de amor?". Suelen decir que sí, y se equivocan. Más de un asesino ha matado a su pareja porque no podía vivir sin ella, y sería por lo menos equívoco decir que la amaba.¿De qué estamos hablando entonces cuando hablamos de amor? Sin duda alguna, de muchas cosas diferentes. Pero sería fácil que nos pusiéramos de acuerdo en describir la culminación del amor.
Alguien ama a una persona cuando desea su felicidad, quiere ser causa de ella y necesita que la otra persona sienta lo mismo hacia él. Esos deseos se expresan obrando en consecuencia y procurando sentimientos agradables, cálidos y animosos hacia la persona amada. Al final, puede instaurarse un apego profundo, intenso y generoso –como sucede con los buenos vinos y los fértiles campos– e irrompible.En "El amor en los tiempos del cólera" –a mi juicio, la mejor novela de Gabriel García Márquez–, una pareja de enamorados que ha conseguido casarse después de muchos años de desencuentros y lejanías viaja en su barco aguas arriba y aguas abajo de un río. Y cuando el capitán, algo asombrado de ese tejer y destejer acuático, les pregunta: "¿Y hasta cuándo estaremos así?", el enamorado le contesta plácidamente: "Toda la vida".

miércoles, 3 de octubre de 2007

Educación sentimental (III)


Parece muy brutal convertir el amor en un deseo, pero no es así, porque hay deseos generosos y espirituales. Por ejemplo, los padres desean que sus hijos sean felices y están dispuestos a sacrificarse por ello. Podemos hablar de amor al dinero, a la fama, a un perro, a una tierra, porque estamos hablando de distintas clases de deseo.
Lo importante, al referirnos al amor a una persona, es saber qué tipo de deseo encierra. Por eso la pregunta definitiva no es "¿qué sientes por mí?", sino "¿qué desearías hacer conmigo?". Puedo desear disfrutar sexualmente de una persona, aunque sea una desconocida, y decir que eso es amor. Puedo desear comunicarme con ella, intimar, conversar, compartir actividades y sentimientos. También puede llamarlo amor. Y también puedo, y debo, llamar amor al deseo de que la persona amada sea feliz, a que esa felicidad sea un componente real de mi felicidad, y al deseo de que la otra persona sienta lo mismo. Es, en efecto, un tipo de altruismo egoísta, o de egoísmo generoso, que supone satisfacción y que impone sus propios deberes. Muchos de mis alumnos piensan que el amor es incompatible con los deberes. Si lo hago por deber, no lo hago por amor. Esa es una tontería peligrosa. El amor tiene sus propios deberes, como la navegación a vela. Una vez elegido el rumbo, debo hacer las maniobras necesarias para conservarlo.
Creo que este deseo de felicidad con dos centros –como la elipse– entró en el universo con el amor maternal. De hecho, la etimología de "amor" nos remite al indoeuropeo "amma" (madre). Y creo también que, deslumbrados y confortados por ese afecto, los humanos decidieron transferirlo a otros deseos; por ejemplo, al amor sexual. La ternura es un sentimiento hacia lo pequeño, hacia lo que nos conmueve por su vulnerabilidad y su gracia. Pues bien, hemos intentado extenderlo al amor sexual, que es adulto y bastante bronco en su origen. No me extraña que los enamorados se aniñen un poco e inventen lenguajes infantiles para expresarse su ternura, ni tampoco que entre los wiru de Papúa Nueva Guinea, los enamorados se alimenten boca a boca –como hacen muchas madres con sus bebés–, y me parece maravilloso que tengan una palabra para expresar esta expresión amorosa: "yanku-petu".

Esos diferentes deseos pueden darse juntos, por supuesto. El deseo sexual, de intimidad, el de confianza, el de hacer feliz a la otra persona, se complementan en su nivel más alto, pero a veces no van juntos. Parece increíble tener que advertir a las parejas de que una cosa es quererse mucho y otra querer vivir juntos. La convivencia exige deseos específicos y competencias específicas también.

Al ser un deseo –y no un estado–, el amor es una actividad. En castellano indicamos este paso a la actividad con la palabra "querer", que es mucho más fuerte y ejecutiva. Todos podemos desear muchas cosas indolentemente. Hay una graduación que va desde el "me gustaría" y el "me apetece", al "yo deseo" y, más allá aún, al "yo quiero". El amor perezoso, que se basa más en promesas y ensoñaciones que en hechos, es un simulacro de amor.
(continuará)

martes, 2 de octubre de 2007

¿Para qué leer? Algunas respuestas




"Gracias a los libros nuestro espíritu puede romper los límites del espacio y del tiempo, de manera que podemos vivir a la vez en nuestra habitación y en las playas de Troya, en las calles de Nueva York y en las llanuras heladas del Polo Norte"
Antonio Muñoz Molina

"La lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren"
Francis de Croisset

"Las historias nos aprovisionan para la vida"
Kenneth Burke

"Leo para ser mejor persona"
Francisco Mateu

Déjame ver tu cerebro y... ¿te diré quién eres?


Déjame ver tu cerebro... y te diré quién eres. Te diré, en concreto, a quién votas; si eres sincero o mentiroso; o si, como Enrique Iglesias, eres capaz de tener una experiencia religiosa. Y si además de ver tu cerebro me dejas tocarlo, podré inducirte desde un orgasmo a un viaje astral. Cantantes y metáforas aparte, los propios neurocientíficos advierten de que conviene tomarse en serio las posibles consecuencias derivadas del hecho de que empiezan a investigarse en el cerebro las bases biológicas, el hardware, de cuestiones tan íntimas y en apariencia intangibles como la ideología o la personalidad. No en vano la neuroética es un área en auge.
Los autores de un trabajo publicado recientemente en la revista Nature Neuroscience aseguraban haber hallado diferencias en el funcionamiento de un cerebro liberal frente a otro conservador. En pocas palabras: el primero reacciona mejor ante los cambios, mientras que el segundo es más rígido.
Los investigadores hicieron electroencefalogramas a 43 hombres y mujeres diestros mientras reaccionaban ante un estímulo que solía repetirse, pero a veces cambiaba. Cuando ocurría esto último, en la gran mayoría de los sujetos que previamente se habían declarado liberales se detectaba una actividad más intensa en un área de la corteza cerebral relacionada con los conflictos, lo que sugiere "una mayor sensibilidad neurocognitiva" a los cambios, escriben David Amodio y su grupo en su artículo. Se ve, por tanto, la firma de la ideología en el cerebro.
"Esta investigación demuestra que se empieza a dilucidar cómo un producto abstracto, aparentemente inefable de la mente, como la ideología, tiene su reflejo en el cerebro humano", dice Amodio. ¿Alguien se escandaliza por esta afirmación? ¿Alguien piensa que es absurdo que pueda verse algo así en un escáner cerebral? No los neurocientíficos, desde luego. Para ellos está clarísimo, y es perfectamente esperable, que cerebros que piensan distinto, que reaccionan distinto ante un mismo estímulo, funcionen de forma diferente; medir esa diferencia es sólo cosa de tener el instrumento adecuado.
"Todo, y todo es todo, está en el cerebro", dice Alberto Ferrús, director del Instituto Cajal de Neurociencias del CSIC, en Madrid. "La sensación de estar enamorado o enfadado, la religión... todo se traduce en moléculas, en algo físico que hay en el cerebro".
En los años noventa, cuando aparecieron las primeras técnicas para estudiar el cerebro humano en vivo y en directo -en acción-, se supo que la corteza cerebral de muchos ciegos muestra diferencias apreciables respecto a la corteza de personas que ven; que el cerebro de los taxistas tiene más sitio para información espacial; o cómo actúa el cerebro de los ajedrecistas al jugar. ¿Qué hay de raro en dar un paso más y buscar la marca de la mentira o la espiritualidad? Nada de nada, dice Ferrús.
Pero volvamos al trabajo sobre los cerebros políticos. En él se hacen las siguientes analogías: pensamiento menos rígido equivale a ideología liberal; pensamiento menos rígido equivale a más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos; y, por tanto, más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos equivale a ideología liberal.
Puestos a analizar, dicen los expertos, el eslabón frágil del razonamiento no es que un estilo de pensamiento tenga su sustrato biológico, sino lo no absoluto del término liberal. En el trabajo de Nature Neuroscience la mayoría de los autodefinidos liberales votaron por John Kerry, y los conservadores por Bush. ¿Se puede sustituir eso por Zapatero versus Rajoy? Y en un país musulmán, ¿quiénes tienen el cerebro flexible y quiénes rígido? Y los liberales del Trienio Liberal en España, entre 1820 y 1823, ¿qué cerebro tenían?
Ahora bien, no hay que equivocarse: que haya un sustrato biológico no implica ni que ese hardware nos ha sido transmitido genéticamente, ni que es inmutable. "Nosotros no examinamos si la orientación política se hereda, si nos viene dada de nacimiento", explica Amodio. "El cerebro es maleable, así que incluso si nacemos con un sistema neural más sensible a información conflictiva, es posible que este sistema neural cambie con el tiempo". Y ¿es fácil de cambiar el hardware que nos viene de fábrica? En otras palabras, ¿Qué pesa más, lo heredado o el ambiente?
"Puede que esa no sea la manera correcta de formular la pregunta", responde Amodio. "Los genes proporcionan unos mecanismos de base para la supervivencia. Pero lo bonito es que la expresión génica es muy sensible al ambiente".
Otra posible pregunta sobre este trabajo es si los cambios sociales globales -el cambio de postura respecto a la homosexualidad, el divorcio o el trabajo femenino-, implican un cambio colectivo en el funcionamiento del cerebro. ¿Tenemos todos un cerebro más liberal? "Tal vez", responde Amodio, para quien sin embargo la sociedad tiende ahora hacia un mayor conservadurismo -una prueba más de lo confuso de estos términos-. Pero "no está claro si estos cambios a gran escala tienen algo que ver con cambios heredables. Podrían estar más relacionados con la globalización y los cambios culturales".
En cualquier caso, lo cierto es que a la luz de los tentáculos que está desarrollando la neurociencia la intimidad empieza a emerger -también- como un concepto de lo más borroso. Con lo que ello implica, como señala Carlos Belmonte, director del Instituto de Neurociencias de Alicante: "Los problemas éticos que plantea la capacidad de analizar la actividad del cerebro vinculada a conductas, o la capacidad de modular desde fuera esa actividad cerebral, de encender o apagar genes, la neuro-estimulación, son importantes". Se podría llegar a descubrir cómo es el cerebro de un maltratador, por ejemplo, y entonces "¿Estaría bien tratarle para que no llegue a serlo? ¿Hasta dónde podemos llegar? Se van a plantear debates muy serios, y vamos a una velocidad espeluznante", dice.
El País

Educación sentimental (II)


La primera lección del breviario afectivo tiene un título que tal vez sorprenda: "Acerca de la necesidad de reconocer los propios sentimientos".

¿Cómo no voy a saber lo que siento?, se preguntará el lector o lectora. ¿Cómo no voy a saber si estoy enamorado, furiosa, aterrado o melancólica? No hay más remedio que distinguir: una cosa es la claridad de la experiencia y otra la claridad del significado de la experiencia.Analice usted el significado de los celos. El celoso sabe, sin duda, lo que siente. Siente angustia ante la posibilidad, real o ficticia, de que un rival le arrebate el objeto de su amor. Todo se vuelve amargamente significativo para el celoso, porque cada gesto, cada olvido, cada palabra, cada ausencia de palabra, se convierte en prueba, corroboración, demostración de sus sospechas y de su desdicha. Hay en los celos un complejo entramado de sentimientos: el apego profundo y desconfiado hacia la persona querida, el malestar provocado por el supuesto éxito del rival, el temor de perder o tener que compartir una posesión. Analizar los celos resulta fácil, porque parecen transparentes a la conciencia. Pero las apariencias engañan. Los celos no suelen contar una historia de amor, sino una historia de "amor propio", que es algo muy diferente. Como ha estudiado Castilla del Pino, tienen que ver más con la posesión y la inseguridad que con el amor.

Volvamos a nuestro asunto. Para empezar a aclarar las cosas, comenzaré embrollándolas. El amor –arquetipo de los sentimientos– no es un sentimiento. ¿Y, entonces, qué es? Aun a riesgo de impacientarle, tengo que trazar un apresurado plano del edificio afectivo en que vamos a movernos. Los afectos, es decir, aquellas experiencias que me afectan por entero, que invaden mi conciencia, coloreándola y moviéndome a actuar, habitan en tres niveles distintos: deseos, sentimiento y apegos. La sed es un deseo; la satisfacción de beber, un sentimiento; la afición a la bebida, un apego. Les cuento esto porque me parece imprescindible para saber de qué estamos hablando cuando hablamos de amor. El amor es un deseo que va acompañado de muchos sentimientos, con frecuencia contradictorios, y que puede estabilizarse en profundas y constantes formas de apego.
(continuará)

domingo, 30 de septiembre de 2007

El Piano

Educación sentimental (I)


El lenguaje nos juega malas pasadas, porque hay palabras que se vuelven tan equívocas que resultan inservibles. Algo así sucede con la palabra "amor" y sus sinónimos. Cuando se recibe una declaración amorosa del tipo: "Te quiero con toda mi alma", lo sensato (pese a que es un anticlímax) es preguntar: "¿Y para qué me quieres?"

¿Cómo sabe una persona que está enamorada? Tal vez usted piense que "eso se sabe", pero no debe de saberse tan bien cuando tanta gente se equivoca por confiar en evidencias aparentemente claras. Reducir esas dramáticas confusiones es asunto de interés social preferente, porque a todos nos interesa que las parejas funcionen bien.

Los sentimientos tienen las propiedades del cristal. Pueden ser transparentes, tornasolados, opacos, hieren cuando se rompen, y, además, pueden engañarnos, porque todo es según el color del cristal con que se mira. Uno de los avatares más sorprendentes de las relaciones humanas es la frecuencia con que aquello que se elogia al comienzo acaba detestándose años después. El cristal ha cambiado. Lo que empezó beneficiándose de un prejuicio positivo acaba siendo víctima de otro prejuicio, ahora negativo. En estos oleajes cambiantes debemos saber navegar. No podemos prescindir de los sentimientos, pero no podemos fiarnos de ellos. Parece pues necesaria una alfabetización emocional.

(continuará)

sábado, 29 de septiembre de 2007

Ahora



Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
-
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
-
Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su vestimenta
o bien no conversa con quien no conoce.
-
Muere lentamente quien evita una pasión
y su remolino de emociones,
justamente éstas que regresan el brillo a los ojos
y restauran los corazones destrozados.
-
Muere lentamente quien no gira el volante
cuando está infeliz con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto
para ir detrás de un sueño,
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos...
-
¡Vive hoy!¡Arriesga hoy!¡Hazlo hoy!¡
No te dejes morir lentamente!¡No te impidas ser feliz!
-
"Muere lentamente" - Pablo Neruda

jueves, 27 de septiembre de 2007

Revolución Azafrán


Apoyo a las protestas encabezadas por los monjes budistas en Myanmar (antigua Birmania) contra la Junta Militar que gobierna el país

domingo, 23 de septiembre de 2007

Néctar de dioses



El cacao fue traído de América por los conquistadores españoles. Según la leyenda, los aztecas recibieron el cacao de su dios Quetzalcoatl, y con él preparaban una bebida amarga denominada chocolatl que ofrecían a sus dioses. La bebida también era consumida con un carácter sagrado. Los granos de cacao incluso se utilizaban como moneda de cambio. Los españoles pronto se aficionaron a esta bebida, y Hernán Cortés comunicó al emperador de España: "Un solo vaso de esta bebida fortalece a los soldados y les permite caminar un día". El botánico sueco Linneo fue quien le asignó el nombre theobroma, que en griego significa "alimento de los dioses". A la aristocracia española del siglo XVI también le gustó esta bebida a la que se atribuían propiedades medicinales y afrodisíacas. Es más, cuando la hija del rey Felipe III de España se casó con Luis XIII de Francia, llevó chocolate como parte de su dote.
En cuanto a los beneficios, parece demostrado que el cacao y el chocolate negro, disminuyen la tensión arterial. Se ha llegado a la conclusión de que el cacao disminuye, por término medio, de 4 a 5 milímetros de mercurio la tensión arterial máxima y de 2 a 3 la tensión mínima. Este efecto, aunque parezca pequeño, es de una cuantía similar a lo que logran algunos fármacos antihipertensivos, pero a diferencia de éstos, el cacao es barato y no produce efectos secundarios. Esta reducción de la tensión arterial conlleva una reducción del riesgo de accidentes vasculares cerebrales (ictus), de enfermedades del corazón y de la mortalidad total.
También se ha demostrado un efecto beneficioso del cacao sobre el endotelio, que es la capa interna que recubre los vasos sanguíneos y que juega un papel primordial en el proceso de aterosclerosis.
Otro estudio ha demostrado que mejora la resistencia a la insulina y disminuye la concentración de glucosa y de insulina en plasma, con lo cual parece que sería protector frente a la aparición de diabetes de tipo 2.
Por ello, los productos ricos en cacao -cuanto más puro, mejor- consumidos en dosis moderadas pueden considerarse como parte de una dieta sana, ya que además de aumentar el placer de la ingesta, tienen efectos beneficiosos sobre la salud; pero para lograr este efecto hay que evitar que aumente la ingesta calórica y la obesidad.
Los inconvenientes de su consumo no están del todo claros. Se ha dicho que produce cefaleas y acné. Los estudios científicos realizados no han podido confirmarlo. La relación con la caries dental parece deberse más bien a una mala higiene dental. También se ha dicho que tiene cierto poder adictivo. Al parecer, esa sensación se debe a una serie de sustancias fisiológicamente activas que estimulan los receptores cerebrales para opiáceos.
En cualquier caso, lo que sí está suficientemente probado es el placer, casi orgiástico para algunos, que proporciona su ingesta.

Hoy que el verano se va...

El otoño se acerca con muy poco ruido:

apagadas cigarras, unos grillos apenas,

defienden el reducto

de un verano obstinado en perpetuarse,

cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.


Se diría que aquí no pasa nada,

pero un silencio súbito ilumina el prodigio:

ha pasado un ángel

que se llamaba luz, o fuego, o vida.


Y lo perdimos para siempre.

"El otoño se acerca"

Ángel González

jueves, 20 de septiembre de 2007

El Gran Gatsby (fragmentos)



" En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas: cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas. No añadió más, pero ambos no hemos sido nunca muy comunicativos dentro de nuestra habitual reserva, por lo cual comprendí que, con sus palabras, quería decir mucho más.


(...)Su corazón se hallaba en constante y turbulenta agitación, temperamento creador, tenía un don para saber esperar y, sobre todo, una romántica presteza; era la suya una de esas raras sonrisas, con una calidad de eterna confianza, de esas que en toda la vida no se encuentran más que cuatro o cinco veces.


(...)James Gatz era víctima de un mundo al que no pertenecía: ricos, seres descuidados e indiferentes, que aplastaban cosas y seres humanos, y luego se refugiaban en su dinero o en su amplia irreflexión.


(...)Gatsby creía en el fastuoso futuro que año tras año retrocede ante nosotros. Aunque en este momento nos evite, no importa... Mañana correremos más rápido, estiraremos más los brazos... Y una hermosa mañana... Y así seguimos, luchando como barcos contra la corriente, atraídos incesantemente hacia el pasado. "
Francis Scott Fitzgerald

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Algunas pinturas

El misterio de las cosas



El misterio de las cosas, ¿dónde está?


Si apareciese, al menos, para mostrarnos que es misterio


¿qué sabe de esto el río, qué sabe el árbol?


Y yo, que no soy más, ¿qué se yo?




Siempre que veo las cosas


y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,


río con el fresco sonido del río sobre la piedra.


El único sentido de las cosas es no tener sentido oculto.


Más raro que todas las rarezas,


más que los sueños de los poetas


y los pensamientos de los filósofos,


es que las cosas sean realmente lo que parecen ser


y que no haya nada que comprender.




Sí, eso es lo único que aprendieron solos mis sentidos:


las cosas no tienen significación, tienen existencia.


Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.


Todos los dias descubro la espantosa realidad de las cosas:


cada cosa es lo que es.


Qué difícil es decir esto


y decir cuánto me alegra y me basta.


Para ser completo existir es suficiente.




A veces miro un piedra.


No pienso que ella siente,


no me empeño en llamarla hermana.


Me gusta por ser piedra,


me gusta porque no siente,


me gusta porque no tiene parentesco conmigo.


Otras veces oigo pasar el viento:


Vale la pena haber nacido sólo por oír pasar el viento.




No sé qué pensarán los otros al leer esto;


creo que ha de ser bueno porque lo pienso sin esfuerzo,


lo pienso sin pensar que otros me oyen pensar,


lo pienso sin pensamientos,


lo digo como lo dicen las palabras.


Una vez me llamaron poeta materialista


y yo me sorprendí:


nunca había pensado que pudiesen darme este o aquel nombre,


ni siquiera soy poeta: veo.


Si vale lo que escribo, no es valer mío,


el valer está ahí, en mis versos,


todo esto es absolutamente independiente de mi voluntad.
Fernando Pessoa

domingo, 16 de septiembre de 2007

Minicuento



Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

La fe y las montañas
Augusto Monterroso

martes, 11 de septiembre de 2007

Un continuo descubrir




¿Volver? Vuelva el que tenga,


Tras largos años, tras un largo viaje,


Cansancio del camino y la codicia


De su tierra, su casa, sus amigos,


Del amor que al regreso fiel le espere.


Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,


Sino seguir libre adelante,


Disponible por siempre, mozo o viejo,


Sin hijo que te busque, como a Ulises,


Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.


Sigue, sigue adelante y no regreses,


Fiel hasta el fin del camino y tu vida,


No eches de menos un destino más fácil,


Tus pies sobre la tierra antes no hollada,


Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

"Peregrino"
Luis Cernuda